La ampliación de la Unión Europea: ¿paradigma de un futuro mejor?

Luis Alberto Areas* Roman, Times, serif»>Opinión económica La ampliación de la Unión Europea: ¿paradigma de un futuro mejor? Luis Alberto Areas* Durante el presente año se está registrando un proceso de implicaciones poco analizadas y que con seguridad sus repercusiones serán poderosamente positivas para el desarrollo de Centroamérica: Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, están […]

Luis Alberto Areas*

Roman, Times, serif»>Opinión económica

La ampliación de la Unión Europea: ¿paradigma de un futuro mejor?


Luis Alberto Areas*




Durante el presente año se está registrando un proceso de implicaciones poco analizadas y que con seguridad sus repercusiones serán poderosamente positivas para el desarrollo de Centroamérica: Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, están trabajando y encontrando sus esfuerzos para hacer realidad la Unión Aduanera Centroamericana, dando pasos concretos en lo que evolucionará hacia un Área de Libre Comercio centroamericana.

La significación de este suceso y su alcance a mediano y largo plazo, guardan singular analogía con las acciones que emprendiera Europa hacia principios de los años cincuenta, cuando se creó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), a instancias de la evolución de una Europa resurgiendo de las cenizas, habiendo sido el precursor de la idea de proponer integrar las industrias del carbón y del acero europeas, el Ministro de Asuntos Exteriores, Francés Robert Schuman. La CECA se conformó así con seis estados miembros: Bélgica, Alemania Occidental, Luxemburgo, Francia, Italia y los Países Bajos, punto de partida de lo que después conocimos como Comunidad Económica Europea y que ahora conocemos como la Unión Europea.

Fue aquella iniciativa por la que se encausaría todo un proceso cuyos resultados sociales y económicos hasta la fecha, apuntan a un modelo de organización supra-nacional que sorprende por los beneficios que ha traído para las naciones europeas integradas en la Unión, y que seguramente traerá —a pesar de los difíciles retos que esta nueva ampliación trae consigo— a las 10 naciones ex socialistas que se están sumando a la UE: Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, Hungría, República Checa, Estonia, Lituania, Malta y Chipre. En términos simples, estamos hablando de un bloque comunitario conformado por 25 naciones, más de 450 millones de habitantes de una sorprendente diversidad cultural, étnica y multilingüe.

No son pocos los detractores y los que señalan con escepticismo esta nueva etapa de la ampliación de la UE, pero el camino recorrido y los beneficios que ha traído a millones de europeos este modelo de organización social federalista, llevado a su máxima expresión —aún novedoso y audaz— a partir de la creación de la CECA, a la fecha, aportan la confianza y la convicción necesaria a los hombres y mujeres que construyen y forman parte de este esfuerzo, ya sea como parte activa y participativa de la UE desde el gobierno local hasta los que conforman las instituciones y organismos de la UE, o como el común ciudadano comunitario de este bloque, que cifra sus esperanzas en un futuro promisorio para sí mismo, su comunidad local y sus descendientes. Este hecho convierte así en un modelo paradigmático de organización social a la UE, y en especial a los ojos de las regiones que compartimos los valores occidentales de cuna europea.

Con las acciones concretas encaminadas a la Unión Aduanera, el hasta ahora incierto camino de la integración centroamericana, encuentra el cauce que traerá consigo el mapa y los itinerarios que deberá seguir para integrarse exitosamente, ya que el modelo de integración que ahora se inicia, comparte dos elementos de fundamental importancia con aquel esfuerzo europeo que inició con la CECA: primero, el inequívoco sentido práctico e inaplazable de empezar este esfuerzo mejorando el ámbito de las relaciones económicas, abatiendo las barreras fronterizas para permitir la libre circulación de productos y mercancías; y, en segundo lugar, pero no menos importante, comparte el mismo sustrato de pensamiento político-social que sustentaba la voluntad de aquellos europeos: la certeza que el desarrollo económico está impostergablemente unido a un esfuerzo supra-nacional, certeza derivada de una conciencia de comunidad que trasciende la diversidad cultural y cualquier diferencia que impongan los nacionalismos, encontrando una identidad común a partir de sociedades nacionales que comparten valores fundamentales como la libertad, la democracia y la justicia, y más importante aún, que la agenda del desarrollo de la región es una sola, lo que exige los mejores esfuerzos de una comunidad centroamericana que construye un futuro promisorio indefectiblemente unitario y compartido.

* El autor es catedrático de la Universidad Americana (UAM)

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí