¿Habrá Cafta en la “nueva era”?

Leonardo Centeno Caffarena* Roman, Times, serif»>Opinión económica ¿Habrá Cafta en la “nueva era”? Leonardo Centeno Caffarena* Algunos autores han comparado a la globalización con un tren que no se detiene ante nada, y que todo aquel que se enfrente a ella, sea éste un país, individuo, empresa, o institución, sólo tiene tres alternativas por tomar, […]

Leonardo Centeno Caffarena*

Roman, Times, serif»>Opinión económica

¿Habrá Cafta en la “nueva era”?


Leonardo Centeno Caffarena*




Algunos autores han comparado a la globalización con un tren que no se detiene ante nada, y que todo aquel que se enfrente a ella, sea éste un país, individuo, empresa, o institución, sólo tiene tres alternativas por tomar, o se opone como muro tratando de evitar su pasada, o se tira debajo de sus llantas para ser arrollado, o se monta en ella; no hay duda de que como país, la última es la que más nos conviene.

La globalización como proceso sigue varias etapas, sean éstas inspiradas por la lógica de la geográfica, o de la lengua y/o cultura; iniciando con aquélla donde los países se aglomeran en regiones, para posteriormente tomar el mismo paso y aglomerar continentes, y así sucesivamente hasta que seamos una sola suprarregión.

Nuestra zona de influencia, conocida como de “Las Américas” por los países anglosajones, y simplemente como “Continente Americano” por nosotros los hispanos, ha sido testigo de varias iniciativas de regionalización que han tomado lugar, siendo las primeras en la lista la del Nafta en Norteamérica, Mercosur en Suramérica, y en los últimos 2 años, el Cafta (acrónimo inglés para denominar el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos).

El Cafta se negoció en el 2003, supuestamente para entrar en vigencia este año (2004); sin embargo, la última noticia que el Gobierno ha agregado al continuo debate que se circunscribe a este acuerdo, y que podría causar diferentes impresiones dependiendo del lado en que uno se encuentre (pro, anti, o no interesado en el tema): es que el Cafta no entrará en vigencia este año, y probablemente no lo haga hasta el próximo año, si hay suerte.

Se nos ocurre preguntar entonces, ¿qué sentido tuvo, haber negociado bajo tanta presión un acuerdo en el 2003, cuando éste entrará en vigencia hasta en el 2005, y esto en el mejor de los casos? ¿Por qué se hizo tal despliegue de recursos, pago de estrategas, un cronograma apretado, visitas de especialistas internacionales y de políticos de la región, y un mercadeo sin parangón de parte del Estado, si es un platillo que no saborearemos, al menos, hasta el próximo año?

Esto está en contra de cualquier estilo de negociación: armar un acuerdo, ignorando que el cronograma bajo el cual se regían todas las actividades de nuestro equipo negociador, se subordinaba a otro (cronograma) que yacía en algún corredor o escritorio de Washington; quedó claro que el silbato y el reloj que imponían el tiempo y las prioridades en este juego multilateral lo tenía un árbitro superior. Es en esta ciudad (Washington) donde se definirá la velocidad de ejecución de dicho acuerdo, sea para empezar hoy, el próximo año, el siguiente, o nunca; y por ahora, son otros temas los que se están priorizando, como la elección presidencial, y el tema de Irak. Se ha dicho que de ganar los demócratas, probablemente se dé un enfoque más hacia lo domestico que a los temas internacionales.

Incluso se dijo que habíamos terminado antes que los ticos, y que teníamos los mejores negociadores; me pregunto ¿qué significa eso en términos de comercio internacional si al final todos estamos haciendo fila en la misma cola? Se peligra finalmente en quedarnos con “un temprano acuerdo bien negociado, para una tardía ejecución poco oportuna”.

Con frecuencia el Gobierno de la Nueva Era ha explicado que el acuerdo fue hecho a la medida, comúnmente llamada “al sastre”, “considerando las capacidades del país, y que por tanto no hay de qué preocuparse”; sin embargo, ahora que estamos al tanto de nuestra falta de control de la fecha clave de entrada al Cafta, nuevos problemas se visualizan, pues se tomó como punto de referencia la Nicaragua del 2003, para un evento que entrará en vigencia en el 2005 o 2006. No olvidemos que este país va a crecer, y que el traje nos quedará chico para ese entonces? ¿Cuántas nuevas empresas en sectores priorizados pudieron beneficiarse, pero que de darse el Cafta, quedarán, desafortunadamente, fuera?

El año pasado el temor de muchos sectores era no estar a la altura de las demandas del Cafta, una vez que éste entrara en vigencia; los nuevos temores que los embargan ahora son extremos, por un lado, (a) si el acuerdo va, lo poco pertinente que se volverá para nuestros productores cuando tome lugar, en una fecha completamente desconocida, y (b) si no va, si el Gobierno cuenta ya con un plan contingente, y los fondos para financiarlo.

Estoy más que convencido de mi propuesta en otro escrito (“Está preparado el Gobierno de Nicaragua para el Cafta”. LA PRENSA. Noviembre 5, 2003), sobre lo oportuno de haber dedicado dos años, previo al Cafta o a cualquier otro acuerdo de comercio internacional, única y exclusivamente a fortalecer la empresa local, y así contar con una mejor posición a la hora de puntualizar; no hay duda de que eso es mucho mejor que estar en la fila comiéndonos las uñas, esperando pacientemente a que nuestra propuesta ya negociada se ponga amarilla de vieja, en el caso que se dé desde Washington el banderazo de salida.

Considerando los dos escenarios anteriores, es imperativo que el Gobierno establezca metas y estrategias para cada uno de ellos, priorizando siempre el fomento empresarial, y que todas sus instituciones caminen al unísono en esa dirección, principalmente aquéllas que tocan la arista empresarial, para llevar al país a un “estadio” competitivo; que no se le olvide al señor Presidente, también empresario, que una de las promesas de su campaña política fue la de apoyar a los empresarios de este país facilitándoles los servicios requeridos por éstos; urge entonces que el “conductor” de la economía del país hacia la “nueva era”, haga hoy los ajustes necesarios para que cuando pase “el tren” podamos montarnos en él; y en dado que no pase (que no se firme), tener al menos un “coche” en que movilizarnos.

Claro que no hay tiempo para llorar sobre la leche derramada, siempre y cuando el efecto que la derramó la primera vez haya sido eliminado. De lo contrario, seguiremos derramando la leche una y otra vez; y lo que cuesta que nuestras mal alimentadas vacas den leche suficiente.

A continuación, propongo algunas sugerencias en los ámbitos local e internacional:

ÁMBITO LOCAL:

1. Hacer los ajustes necesarios en el cronograma de acción del Plan Nacional de Desarrollo.

2. Fortalecer las instituciones de desarrollo que fomentan al sector empresarial, sea con recursos monetarios, o con personal proactivo, etc.

3. Crear una institución estatal de fomento empresarial, especializada en el crédito, tanto para fortalecer empresas existentes o para nuevos emprendimientos (capital de riesgo).

ÁMBITO INTERNACIONAL (ESTADOS UNIDOS)

1. Junto con los otros ejecutivos (Presidentes y Ministerios de Economía) de la región centroamericana, formar una comisión de cabildeo de alto nivel para procurar que el tema de comercio internacional sea un tema que se contemple en las agendas de ambos partidos políticos que se disputarán la elección presidencial en EE.UU.

2. Acceder inmediatamente a los fondos prometidos por el gobierno estadounidense, en la promoción de las Pymes regionales.

3. Procurar fortalecer el comercio entre las naciones de la región, priorizando todo lo relacionado con la “unión aduanera”.

* El autor es Director del Programa de Atención Empresarial. Universidad Nacional de Ingeniería. (PAE/UNI).

Economía

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