- El niño Pablo Antonio dejó la escuela para trabajar, y ahora perdió algo más que la oportunidad de estudiar
Adolfo Olivas Olivas
Sumergido en la desesperación y la tristeza, está en una sala del Hospital San Juan de Dios, el niño Pablo Antonio Quevedo Barreda, de 14 años, tras sufrir la pérdida de su mano derecha en una finca ubicada en la Reserva Natural de Miraflor, al noreste del municipio de Estelí.
El niño relata que en una finca situada en la comunidad La Fortuna devengaba 300 córdobas al mes en calidad de peón, y que su manito se la cortó una máquina picadora de zacate.
Al llegar al hospital, el menor se negó a brindar el nombre de su patrón e incluso a los médicos les había mentido al decirles que tenía 16 años de edad.
“No sé cómo se llama mi patrón, creo que es Vicente, él me pagaba 150 córdobas a la quincena”, se limitó a decir, al mostrar la mutilación.
DINERO NO AJUSTA
Expresa que trabaja desde los 10 años de edad, luego que abandonó el cuarto grado de primaria porque su familia es demasiado pobre y su padre no ajustaba con el dinero que conseguía para comprar el sustento del hogar.
El doctor Nelson Ríos, jefe de la Sala de Ortopedia del Hospital San Juan de Dios, de Estelí, se mostró alarmado por la forma como los adultos utilizan a los niños para trabajos peligrosos.
Don María Ramón Quevedo Díaz, padre del niño lesionado, explica que tiene 10 hijos y que producto de la pobreza sus vástagos comienzan a trabajar como peones desde temprana edad.
“Este problema lo dejo en manos de la conciencia del patrón, mi hijo se quedó sólo con una mano”, expresó don María Ramón, quien dijo que una hija de su patrón le llevó 150 córdobas, para ayudarle.