Rolando Bertrand Ríos
Un pueblo logra notoriedad por la calidad de sus ciudadanos y mi querido Somoto se ha caracterizado desde siempre por ser cuna no sólo de artistas, sino de egregios, ilustres y conspicuos hombres que se han distinguido y distinguen actualmente en altos puestos de administración pública, en el campo político, religioso, profesional y filantrópico. Son personas como monseñor Calderón y Padilla, el doctor Rafael Antonio Díaz, el general Camilo López Irías, don Antolín Talavera…
En abril del año pasado, la parca implacable vino por el profesor Víctor Manuel Talavera Tercero, senador y diputado al Congreso Nacional, hombre de firmes y arraigadas convicciones liberales.
En febrero de este año, fue el probo, noble y generoso Efraín López del Valle, abogado de profesión, maestro de vocación y músico de ocasión, de honradez sin mácula puesta a prueba, con la broma rimada y el humor chispeante a flor de labios. Y ahora el doctor Pedro Joaquín Ríos Castellón parte a mejor vida, hombre campechano que se manejaba lo mismo en una reunión de líderes comarcales que en las altas esferas de poder, y no sin correr riesgo, decía lo que pensaba, de manera clara, rotunda y sin complicaciones. De gran experiencia legislativa llegó a presidir comisiones y ser primer secretario del primer Poder del Estado.