El 11 de noviembre de 1887 fueron ahorcados en la cárcel de Chicago: Spies, Fischer, Engel y Parsons.

El feriado que nació a la sombra de cuatro ahorcados

Qué tanto se conoce el origen del 1 de mayo o del “Laboral Day”, el primer lunes de septiembre en Estados Unidos de Norteamérica. De los cuatro ahorcados tres eran periodistas. Cuando revisaron el proceso se estableció que “habían sido víctimas inocentes de un error judicial”. Roberto Sánchez Ramírez/Especial para LA PRENSA El objeto humeante […]

  • Qué tanto se conoce el origen del 1 de mayo o del “Laboral Day”, el primer lunes de septiembre en Estados Unidos de Norteamérica. De los cuatro ahorcados tres eran periodistas. Cuando revisaron el proceso se estableció
    que “habían sido víctimas inocentes de un error judicial”.

Roberto Sánchez Ramírez/Especial para LA PRENSA

El objeto humeante apenas tenía el tamaño de una naranja. Jamás se sabría quién lo lanzó, pero al estallar en medio de un grupo de policías, desencadenó una serie de hechos que determinaron que el 1 de mayo, en todo el mundo y el primer lunes de septiembre en Estados Unidos de Norteamérica sean un día especial.

Contradictoriamente, un buen porcentaje de personas ignora qué exactamente ocurrió en la ciudad de Chicago el 4 de mayo de 1886, razón por la que tampoco se sabe si se trata de una celebración o de una conmemoración. Es más, todavía no son claros los motivos de carácter laboral que darían lugar a los llamados Mártires de Chicago.

Históricamente, el 1 de mayo ha sido llamado Día Internacional de los Trabajadores, para los norteamericanos es el “Laboral Day” o “Fiesta de los que Trabajan”, la verdad es que sobre las concentraciones, mítines, discursos, las reuniones con abundante licor y comida, los pic-nic, se siguen balanceando, aunque olvidados, los mártires que fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887 en Chicago.

LUCHA POR LAS OCHO HORAS

Para el año 1886, los obreros norteamericanos, incluyendo mujeres y niños, estaban sometidos a un régimen de explotación laboral, obligados a trabajar hasta 13 y 14 horas diarias, al extremo que nunca veían a sus familiares a la luz del día. Vivían hacinados en insalubres condiciones, debiendo buscar restos de comida en los depósitos de basura de los lujosos restaurantes.

Hasta el presidente Grover Cleveland, en su mensaje al Congreso, expresó: “Las condiciones presentes de las relaciones entre el capital y el trabajo son, en verdad, muy poco satisfactorias, y esto en gran medida por las ávidas e inconsideradas exacciones de los empleadores”.

Desde hacía varios años se venía luchando por la disminución de las horas de trabajo. En 1874, en el Estado de Massachusetts se logró la aprobación de una jornada máxima de 10 horas para mujeres y niños. El gremio más beligerante fue el de los ferrocarrileros que en lucha por las ocho horas dieron vidas, como ocurrió en Maryland y Pittsburgh, donde fueron reprimidos por tropas federales.

A la par de la lucha de los trabajadores, también la clase patronal estableció su propia estrategia, recurriendo a despidos masivos, a los llamados rompe-huelgas, a las bandas armadas, asesinatos de dirigentes obreros, junto con una permanente campaña de los grandes medios impresos para desprestigiar la lucha por las ocho horas laborables.

LA HUELGA DEL 1 DE MAYO DE 1886

Durante más de un año, las organizaciones obreras norteamericanas fueron desarrollando estrategias unitarias, hasta decidir a nivel nacional que a partir del 1 de mayo de 1886 se trabajaría solamente ocho horas, y en las empresas y planteles que no se aceptara de inmediato los trabajadores irían a la huelga.

La razón de escoger el 1 de mayo fue porque en muchas empresas en esa fecha se renovaban los contratos colectivos de trabajo. Los norteamericanos llamaban a ese día el “moving day” o “día de mudanza”. La presión de los trabajadores se hizo sentir en todo el país, en especial los Estados de Ohio, Illinois, Michigan, Pennsylvania y Maryland.

Hubo logros positivos de inmediato. Muchos gremios en diferentes ciudades consiguieron las ocho horas, sin rebaja de sueldo, los resultados permitieron que millares de trabajadores se afiliaran a las organizaciones existentes, fortaleciendo el movimiento de los trabajadores norteamericanos.

Pero no en todas partes hubo éxito. En Chicago la confrontación fue fuerte. El 3 de mayo una concentración de obreros fue atacada por la policía y resultaron seis trabajadores muertos y muchos heridos. Ese hecho provocó que se decidiera una manifestación de protesta el 4 de mayo, en horas de la tarde, en la Plaza Haymarket.

A la hora señalada, habían más de 15,000 personas. El Alcalde de Chicago, Carter H. Harrison, al ver que todo era orden y tranquilidad, y que los participantes comenzaban a retirarse, ordenó también el retiro de la Policía, sin embargo por razones que nunca quedaron claras, los capitanes Bonfield y Ward dirigieron a casi 200 policías en contra de quienes quedaban en la plaza, amenazando con disparar.

Fue entonces que cayó la bomba en medio de los policías. Resultaron más de cincuenta heridos y uno muerto, seis más fallecieron después en el hospital. Los policías dispararon matando a 38 obreros e hiriendo a 115. Hubo una redada, encarcelando a más de 300 trabajadores. Fueron allanados los principales locales sindicales, domicilios de dirigentes y diarios obreros.

SE INICIA EL PROCESO

El 17 de mayo de 1886 fueron puestos a la orden de un tribunal especial los siguientes detenidos: August Spies, 31 años, periodista; Michel Schwab, 33 años, tipógrafo y encuadernador; Oscar W. Neebe, 36 años, vendedor; Adolf Fischer, 30 años, periodista; Samuel Fielden, 39 años, pastor metodista y obrero textil; Louis Lingg, 22 años, carpintero; George Engel, 50 años, tipógrafo y periodista; Albert Parsons, 38 años, veterano de la Guerra de Sucesión y ex candidato a la Presidencia de Estados Unidos por los grupos socialistas y Rodolfo Schnaubelt.

También fueron procesados William Selingen y dos trabajadores de apellidos Waller y Scharader. Los tres recibieron presiones de la policía para que declararan en contra de los otros procesadores, convirtiéndose en traidores y perjurios, dando declaraciones falsas que llevaron a cuatro de sus ex compañeros a la horca, uno al suicidio y otros a prisión.

El proceso desde su inicio estuvo cargado de ilegalidades. Todo se montó con un solo objetivo: condenar a los procesados. De todo quedó un testimonio periodístico. Era corresponsal de La Nación de Buenos Aires, Argentina, el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, quien fue testigo desde la concentración de la Plaza Haymarket hasta la ejecución el 11 de noviembre de 1887. La última crónica fue publicada el 1 de enero de 1888.

Las intervenciones de los procesados y de sus defensores demostraron su inocencia, algunos de ellos ni siquiera estaban cerca del sitio donde cayó la bomba. Spies dijo: “Si creéis que ahorcándonos podéis contener el movimiento obrero, ese movimiento constante en que se agitan millones de hombres que viven en la miseria, los esclavos del salario; si esperáis salvaros y lo creéis, ¡ahorcadnos! Aquí os halláis sobre un volcán, y allá y acullá, y debajo, y al lado, y en todas partes surge la revolución”.

GRANDES PROTESTAS

El 20 de agosto de 1886 se leyó el veredicto. Condenados a ser ahorcados: Spies, Schwab, Lingg, Fielden, Parsons, Fischer; a 15 años de trabajo forzado, Neebe.

De inmediato hubo protestas en todo el mundo, incluyendo a grandes personajes, como el dramaturgo inglés George Bernard Show. El Gobernador de Illinois, Oglesby, recibió un petitorio para que perdonara la vida de los condenados, con 200,000 firmas.

El 10 de noviembre de 1887, Louis Lingg se suicidó en su celda. La pena de muerte le fue conmutada a Schwab y Fielden, por cadena perpetua. El 11 de noviembre, Engel, Spies, Parsons y Fischer fueron ahorcados. Estaba presente en la ejecución José Martí, quien escribiera después que “había vivido en las entrañas del monstruo”.

Los funerales se realizaron el 12 de noviembre de 1887. Ya se les comenzó a llamar “Mártires de Chicago”. Más de 25,000 personas asistieron y más de 250,000 estuvieron a lo largo del recorrido hasta el cementerio. En 1893, el gobernador John Attgeld, aprobó la revisión del proceso. Finalmente se estableció que los ahorcados no habían cometido ningún crimen y que “habían sido víctimas inocentes de un error judicial”. Fueron puestos en libertad Schwab, Fielder y Heebe.

En 1882, en Nueva York, durante un mitin se propuso que el primer lunes de septiembre fuera el “Laboral Day” o “Fiesta de los que Trabajan”, correspondió al lunes 5 de septiembre de 1882 la primera vez que se realizó. Luego se convirtió en el Día Internacional de los Trabajadores. Un día feriado, a la sombra de cuatro ahorcados.

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