- Es la primera vez que se hace, con un soporte científico para protegerla de la sobreexplotación y estará
vigente por tres meses - Se sumará a la veda de la langosta, camarón de mar y caracoles
María Antonia López M.
Por primera vez en Nicaragua este año se decidió realizar una veda de dos especies de concha negra, moluscos que se concentran fundamentalmente en el Pacífico occidental del país y cuyo aprovechamiento no ha sido regulado con severidad, por lo cual se considera que hay una sobreexplotación.
Marta Verónica López, funcionaria del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena), explicó que anteriormente se hacía una veda en el mes de enero, sin ningún soporte científico.
Pero luego de un estudio sobre este molusco se determinó que se la veda realizará por un mes, del 15 de marzo al 15 de abril. No obstante esto estaría afectando a los “concheros” durante la temporada de Semana Santa, una de las más activas en ventas.
Finalmente se decidió establecerla durante tres meses, iniciando el 15 de abril hasta el 15 de julio para las variedades Anadara similis (hembra) y Anadara tuberculosa (macho). Mientras existe una indefinida para la denominada Anadara grandis, mejor conocida como “casco de burro”.
En el caso de la Anadara grandis se espera una recuperación de sus poblaciones, ya que el nivel de extracción de la especie era muy alto debido a su tamaño, por eso se decidió la veda indefinida.
LOS REFUGIOS
Mientras tanto, los nichos ecológicos de la concha son los manglares que no han sido afectados por la actividad camaronera de la zona, explicó Carlos Mejía, especialista en biodiversidad del Marena.
Así también otra razón para determinar la veda fue la extracción de la concha sin que ésta haya alcanzado el tamaño adecuado.
Lo recomendable es que la concha hembra tenga 50 centímetros de longitud y el macho 70.30 centímetros, pero en los mercados se venden midiendo entre 30 a 33 centímetros, considerándose que no han alcanzado la madurez sexual.
López explicó que la decisión de la veda fue discutida con los “concheros”, ya que tienen claridad de que utilizan el recurso como sobrevivencia económica, quienes además estuvieron de acuerdo durante varios talleres, tras notar que cada vez les cuesta más encontrar “bancos” productivos.
De tal manera, agregó la funcionaria, que la transición entre la captura libre y con regulación no fue tan drástica como sucedió con los huevos de tortuga Paslama, ya que pueden ejercer otras actividades extras a la extracción de la concha negra.
No hay un dato exacto de cuántas personas trabajan en la actividad del “concheo”, no obstante se estima que puedan ser unas 80 aproximadamente.
Las zonas que se han identificado para la extracción de la concha son Poneloya y Salinas Grandes en León; y Jiquilillo, Padre Ramos, El Realejo, Corinto y Paso Caballos en Chinandega.
Equipos de vigilancia de las autoridades del Gobierno que ejecutan la veda, con el apoyo de efectivos de la Policía, estarían patrullando éstas y otras zonas para hacer cumplir la veda.
RESTAURANTES SIN INFORMACIÓN
Algunos restaurantes especializados en servir platillos a base de productos del mar dijeron desconocer la disposición del Marena.
ván Acuña, de El Astillero, explicó que la concha negra es muy usual en el servicio que prestan, pero desde la semana pasada los abastecedores regulares no les han entregado el producto.
En el Bar y Restaurante Majava, Valeska Reyes comentó que continúan vendiendo este producto normalmente, ya que en el Mercado Oriental, donde se abastecen, siempre hay, aunque haya veda, igual sucede con el camarón y la langosta.
Desde el Lobster Inn, César Gaitán agregó que el platillo se ha reducido, porque hay menor consumo debido a la crisis en el país y precisamente por eso no se han abastecido con mayor frecuencia.
ACUERDO INTERINSTITUCIONAL
En tanto, el Marena junto al Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), están diseñando una regulación interinstitucional para controlar la extracción, estimándose un promedio de 12 docenas de conchas por familia por día laboral, en un promedio similar a lo que se ha hecho siempre, aunque el documento aún está en proceso de elaboración.