Francisco Jarquín S.
Por primera vez una Selección Nacional para una etapa eliminatoria mundialista realiza tantos juegos de fogueo como lo ha hecho La Azul y Blanco en esta ocasión, antes de medirse a San Vicente y Granadinas.
El otro día conversaba con Mauricio Cruz, director técnico por muchos años del equipo mayor de Nicaragua, y me comentaba que ni siquiera jugando con equipos de segunda división de otros países, se había conseguido tantos encuentros como ahora. Mucho menos con selecciones nacionales.
Hasta ahora van seis partidos amistosos y con la posibilidad de llegar al menos a diez, antes de escuchar el pitazo inicial el 12 de junio ante los isleños aquí en Nicaragua.
Sin embargo, estamos claros que los partidos de fogueo no serán como aplicar una fórmula matemática o física, que a más juegos de fogueo, obligatoriamente nos darán mejores resultados, no es así, menos si se trata de una Selección Nacional que hace dos años atrás, sólo se escuchaba decir la palabra derrota y por goleadas.
Una de las frases menos agradables que se escuchaban cada vez que salía la Selección para algún torneo o partidos oficiales, era que se debía de llevar además de los útiles deportivos, un saco, para echar la enorme cantidad de goles que nos hacían los rivales.
Menos mal que esa etapa de exagerados marcadores ha ido quedando casi en el olvido, porque algunos jugadores todavía conviven con esos recuerdos cuando salen a la cancha. Se nota que muchos juegan pensando en cómo defender a pesar que el planteamiento sea otro y no cómo atacar. Falta mucha más garra en la cancha.
Pero nada puede ser igual esta vez. Los muchachos tienen que estar claros que después de medirse a Costa Rica, Haití, Bermudas, y probablemente con El Salvador, sus posibilidades deben mejorar, porque van perdiendo el miedo al escenario, acostumbrándote al público rival, a la supuesta superioridad del mismo, y sobre todo a tener confianza en que se pueden hacer las cosas mejor. Deben de estar claros que están haciendo historia, convirtiéndose en el punto de partida para una nueva etapa del futbol nacional.