Los “camioncitos” listos para los últimos retoques.

Juguetes de madera tratan de sobrevivir

Las celebraciones religiosas en todo el país constituyen las plazas más efectivas de venta María Antonia López LA PRENSA/MASAYA.- En el aire se escucha un “pla, pla, pla, pla” continuo mientras los piecitos siguen el paso tras el sonido. No se trata de una onomatopeya de aplausos, sino son las alas de un gallo de […]

  • Las celebraciones religiosas en todo el país constituyen las plazas más efectivas de venta

María Antonia López

LA PRENSA/MASAYA.- En el aire se escucha un “pla, pla, pla, pla” continuo mientras los piecitos siguen el paso tras el sonido. No se trata de una onomatopeya de aplausos, sino son las alas de un gallo de madera que choca un ala contra la otra y que es empujado en el piso para que accione su aleteo.

La aplicación de uno o varios principios de física, aprendidos empíricamente hace una cantidad de años no definibles son una realidad en una variedad de juguetes, un tanto toscos y rústicos hechos de madera.

Los hijos de los hijos fueron dejando la enseñanza, convertida ahora en pequeños talleres artesanales familiares en el barrio Monimbó en Masaya, encontrando en ella una forma de mantener la tradición y paliar las necesidades económicas del hogar.

Se trata de juguetes, quizás los únicos elaborados con cierta rudimentariedad en el país, además de ser ésta una de las características principales, sobre todo para mantener el bajo precio de venta y que la tradición popular continúe, ya que son parte de las fiestas populares en todo el país, y porque estos eventos constituyen su principal mercado.

Carlos Manuel López es el delegado de la familia para atender a los clientes y brindar la entrevista, cursa cuarto año de la carrera de Turismo allí mismo en Masaya, y considera que este tipo de actividad artesanal debe continuar porque se ha ido perdiendo mucha tradición en el mismo barrio, considerado como el más representativo a nivel nacional.

Los talleres tienen una modalidad de trabajo conjunta solamente cuando requieren del servicio de aserrado de la madera, para lo cual han constituido una cooperativa, pero luego cada quien se hace cargo de su producción y comercialización.

EL PROCESO

Cuando tienen la madera aserrada y cortada en pequeños tablones, la ponen al sol por espacio de una hora, ya que la característica de ésta es lograr un secado rápido.

Luego las tablas son tomadas, examinadas para que no lleven nudos o afectaciones de polilla y después del trazado de ciertas medidas inician el proceso de cortado, según los estilos de juguetes que vayan a trabajar.

Una vez obtenidas las piezas son lijadas y clavadas algunas partes, a fin de que se aplique la base de pintura amarilla elaborada a base de una anilina (tinta) traída desde Guatemala. Cuando es terminado de armar, proceden a realizarle los dibujos tradicionales compuestos de líneas sencillas de color morado, puntos y formas de hojas, que son rellenados con verde y rojo, considerados como los más atractivos para los niños.

Es así que dependiendo de la maquinaria con la que cuenten en el taller se puede lograr una variedad de juguetes, los que generalmente son diseñados para niños que van desde uno a cuatro años.

LA CAPACITACIÓN

A juicio de Carlos Manuel López, los talleres tienen una deficiencia para mejorar su producción, al carecer de equipos que les permitan hacer nuevos diseños, así como de capacitación.

Destacó que el Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa (Inpyme), sólo ha colaborado en la parte correspondiente a la presentación en ferias.

Mientras ellos han logrado establecer contacto directo con personas que participan en algunas ferias o fiestas patronales en Honduras, Costa Rica o Panamá donde han logrado hacer ventas favorables, no obstante, los precios generalmente los mantienen y las ganancias no son muy altas.

López estimó que sólo en Monimbó existen unos 12 talleres que trabajan en este tipo de artesanía, pero no todos tienen el mismo sistema de comercialización, ya que algunos van directamente a realizar su venta, otros esperan que los compradores lleguen y luego les lleven el dinero por el producto, a veces corren el riesgo de perder.

Es por esas circunstancias que los artesanos dedican la mayor parte del tiempo a la elaboración de los llamados gallitos, que tienen algunas adaptaciones a palomas u otras aves, así como tres tamaños de camiones, carretones, otros hacen sillas, chineros pero en general se confecciona el de mayor movimiento y de más bajo precio conforme la demanda que tienen.

Aunque la época de más demanda es la Navidad, coinciden los artesanos como María Escobar, quien además se queja de las bajas ventas durante casi todo el año, ya que dependen enteramente de las fiestas patronales de los pueblos aledaños.

Esta artesana se quejó por no poder trabajar con tranquilidad ya que a veces trabaja sola y vende su producto ella misma, pero debido a la cantidad de cosas que atiende en su hogar no cuenta con el suficiente tiempo para dedicarlo a la confección de los juguetes.

La falta de una comercialización estable también la lleva a tener que lidiar constantemente con los cobradores de la Alcaldía Municipal, quienes en varias ocasiones se han presentado para recaudar el tributo, pero dadas sus condiciones y su bajo ingreso, les dice que no tiene capacidad para pagarles “vivimos pelados como cáscara de jiñocuabo”, reflexionó.

Escobar no tiene más alternativas “no puedo ir a buscar trabajo a otro lado, porque no sé leer ni escribir y hasta para ser empleada doméstica quieren que uno sepa eso”, expresó.

DE ACETUNO

Estos juguetes son elaborados con madera del árbol denominado acetuno, extraído de las faldas del volcán Mombacho, de Nandaime u otros sitios aledaños a Masaya.

María Escobar se quejó de que a veces se les dificulta trabajar porque no logran obtener la madera.

Reconoció que muchas veces hay personas que van a cortarla ilegalmente y por eso es que han sufrido decomisos, lo cual también dificulta la elaboración de los juguetes, dado que eso contribuye a elevar el precio de la madera que adquieren desde 150 córdobas hasta 300 o más el tronco, dependiendo también del grosor y cantidad de nudos, además los madereros deben asumir el pago de transporte, el alquiler de la sierra y hasta pagar a otros para que ayuden a cargar.

Asimismo, deben sobrevivir con las dificultades que se presentan durante el invierno, tiempo en que la madera no seca tan rápidamente.

Pedro Ñamendiz tiene 15 años de fabricar estos juguetes, y aunque cuenta con las herramientas necesarias para diversificar más su producción, no lo hace porque sabe que si aumenta su calidad corre el riesgo de no recuperar su inversión, pues considera que este tipo de producto se mueve muy poco en el mercado.

Este señor es considerado en el barrio como uno de los propietarios del taller más grande, sin embargo sus máquinas están siendo utilizadas para hacer los juguetes, pero también se está introduciendo en la elaboración de otros productos como ventanas o piezas torneadas en maderas preciosas que le generan un poco más de ganancia.

¿VA A QUERER?

60 córdobas es el valor puesto en los talleres de un camión grande que puede ser usado para que los niños suban sobre él.

55 córdobas cuesta una docena de “gallitos” y puesto en el mercado diez córdobas cada uno.

10 córdobas es el precio de un camión pequeño.

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