El gobierno cubano ha instalado ventas de comida en dólares.

Cuba: Un “apartheid” caribeño

Fidel Castro, quien mandó a cerrar los últimos bares y comiderías privadas de La Habana en 1968, satanizando el derecho a comerciar, ha propiciado una serie de negocios desde hace diez años, la mayoría ligados al turismo, que han acabado con la “igualdad” socialista. El dirigente sandinista Tomás Borge reconoce que esa diferenciación es incómoda […]

  • Fidel Castro, quien mandó a cerrar los últimos bares y comiderías privadas de La Habana en 1968, satanizando el derecho a comerciar, ha propiciado una serie de negocios desde hace diez años, la mayoría ligados al turismo, que han acabado con la “igualdad” socialista. El dirigente sandinista Tomás Borge reconoce que esa diferenciación es incómoda para los cubanos, pero le parece un asunto sencillo: “Todo el que tenga divisas puede ir a comprar
    lo que sea en divisas” y “el que no tiene divisas, no puede”

Douglas Carcache

El día de las elecciones, cuando el Frente Sandinista perdió el poder en Nicaragua, un grupo de cubanos estaba atrincherado en una casa de la ciudad de Chinandega, con los fusiles AK-47 bala en boca, por temor a que pobladores antisandinistas trataran de lincharlos.

Eran 12 médicos, cinco instructores de deportes, seis trabajadores de la industria azucarera y un enfermero. Los habían acuartelado el 21 de febrero de 1990, cuatro días antes de las elecciones, en una vivienda situada del Hotel Glomar dos cuadras abajo; y al amanecer del día 26, cuando vieron llorar al presidente Daniel Ortega por televisión, reconociendo su derrota, se pusieron en definitivo plan de combate.

“La gente nos había hostigado dos o tres veces durante la campaña electoral y ese día esperábamos que el pueblo nos invadiera, fue una odisea, permanecimos con las armas al hombro y las pecheras (municiones) puestas”, recuerda el enfermero cubano Lázaro Rodríguez, quien después se casó con una nicaragüense de León, donde ahora vive.

DOS GOLPES SEGUIDOS

Tomás Borge, dirigente del Frente Sandinista y ex Ministro del Interior, dice que el fin de la revolución sandinista en 1990 “le afectó también a Cuba desde el punto de vista político”, porque el gobierno de Daniel Ortega apoyaba a la isla en los organismos internacionales, por ejemplo en Naciones Unidas, con “declaraciones solidarias”.

Borge afirma que el gobierno sandinista nunca le dio ayuda material a Cuba, sino que, al contrario, la isla le daba petróleo gratis a Nicaragua.

Durante los años ochenta, Cuba recibía al año 13 millones de toneladas de petróleo de la Unión Soviética (URSS), de los cuales revendía tres millones de toneladas a otros países, con lo que obtenía una buena cantidad de dólares.

En 1989 la ayuda soviética se acabó y Cuba entró en crisis, al extremo de reducir en 1990 su consumo de petróleo de diez a cuatro millones de toneladas, sufriendo la isla un apagón casi total y una escasez de alimentos que afectó a sus once millones de habitantes.

En esas circunstancias, el régimen de Fidel Castro perdió un aliado importante, Nicaragua, país gobernado por los sandinistas desde 1979.

CAMBIA CON LA CRISIS

Las ideas de Lázaro Rodríguez sobre el gobierno cubano comenzaron a cambiar con las dificultades de los años noventa. “Yo era tan comunista que si alguien me hablaba mal de Fidel, le rompía la trompa”, recuerda.

Sin embargo, en 1991, al reintegrarse a sus labores en La Habana, en el mismo centro asistencial del que había salido hacia Nicaragua, se topó con la desilusión de que sus sacrificios por la revolución valían menos.

Tenía acumuladas más de dos mil horas de trabajo voluntario, que le daban derecho a comprar un electrodoméstico y él quería un televisor a colores, porque el de su casa era un viejo blanco y negro.

Cuando llevaron al centro de trabajo un televisor de manufactura rusa, Rodríguez solicitó comprarlo y se decepcionó cuando se lo concedieron a una mujer con menos trabajo voluntario acumulado. “Me asusto y protesto —relata Rodríguez—. La del sindicato me dice que no pueden darme el televisor porque gastaría más energía en la casa, al tener dos”. Decepcionado, se fue a Nicaragua aprovechando que estaba casado con una nicaragüense.

CASTRO SE ECHA ATRÁS

Era la etapa del “período especial” en que el hambre invadió la isla. Los sociólogos noruegos Vegard Bye y Dag Hoel, en su libro Esto es Cuba, lo demás es cuento, citan a una maestra de 30 años de edad que en esa época les dijo: “Las imágenes de mi memoria no son las de los soldados de Batista, sino las de mis compañeros de estudio viajando a Angola para no volver; los estantes vacíos de las tiendas… es difícil ver el futuro”.

Cuba había empezado una estrategia de ahorro y autoabastecimiento, restringiendo el consumo de la gente, al tiempo que abría las puertas a compañías extranjeras para que invirtieran en la industria y el turismo. Entre 1992 y 1994 en la isla no había nada que comprar, más que lo básico distribuido con tarjetas por el Estado.

“Los mendigos aparecieron en los lugares turísticos —relatan Bye y Hoel—. Un ingreso diario de cinco dólares, obsequiado por turistas, significaba un sustancioso salario mensual para el cubano común”.

El Gobierno también autorizó algunos negocios privados de comida, que la gente bautizó como “paladares”, porque el Estado era incapaz de abastecer a la población. De esa forma Fidel Castro revocaba su decisión tomada 25 años antes, en 1968, cuando ordenó cerrar más de 900 bares y fondas privadas que aún quedaban en La Habana.

“No hicimos la revolución para establecer el derecho a comerciar… Ésta es una revolución de socialistas”, dijo Castro en esa ocasión por televisión.

Luego su hermano Raúl Castro, jefe del Ejército, advirtió el primero de mayo de 1968: “Rechazamos los estímulos materiales. ¡No queremos tener la mentalidad de pequeño comerciante entre nuestro pueblo”.

Un economista cubano, que pidió el anonimato, dice que en la Cuba de hoy existe una enorme contradicción entre el mercado cerrado y el mercado abierto. “Los sistemas económicos no conviven en el aire, sino en la vida cotidiana —explicó—. Es un apartheid: la gente que recibe remesas de Estados Unidos y los turistas, viven bien. Los otros no”.

SACRIFICIO EN VANO

Lázaro Rodríguez volvió a Cuba hasta en 1998 para que su hija conociera la isla y a su familia. Se sorprendió: “Los establecimientos ya no eran públicos, podías comprar todo pero en dólares, una manzana valía un dólar”.

Una mañana salió a caminar por su barrio y se percató que un grupo de niños escolares observaba las heladerías y las comidas de las fondas para turistas, inalcanzables para los cubanos. “Allá los niños se van a la escuela con un vaso de fresquitop y un bollo de pan —relata—, y a las diez de la mañana están con hambre y ven el pollo, los helados, las manzanas y no pueden comprar, porque sólo los que tienen familia en el exterior tienen dólares para comprar”.

El flujo de remesas familiares, de mil millones de dólares anuales, indica que cada cubano recibe en promedio 90 dólares al año por esa vía.

Rodríguez se preguntó: “¿Para qué hice tantas horas voluntarias en Cuba, si ahora mis sobrinos no pueden comprarse un helado?” Además, “los dolaritos que reciben algunas familias los dejan para comprar el jabón, lo más necesario, porque Fidel ya no garantiza la canasta básica, te dan un jabón cada tres meses”.

Cuando Rodríguez fue enviado a Nicaragua en 1987, su primer hijo tenía 56 días de nacido, él no quería viajar pero tampoco podía decir no, “porque allá (en Cuba) las órdenes se cumplen, no se discuten”.

LIBERTAD INCOMPRENSIBLE

Tomás Borge, quien vivió en Cuba antes de 1979 y viaja con frecuencia a la isla, reconoce que ahora hay diferencias económicas entre los ciudadanos cubanos, aunque insiste en que “no es espectacular eso”.

“Hay diferencias sí, porque el que tiene dólares tiene —alega Borge—. Todo el que tenga divisas puede ir a comprar lo que sea en divisas. El que no tiene divisas, no puede. Existe esa diferenciación que es incómoda para los cubanos”.

En 1998 hubo al occidente de Nicaragua una epidemia de leptospirosis, enfermedad transmitida por las ratas. El Gobierno de Cuba donó entonces un cargamento de veneno para eliminar a los roedores. Lázaro Rodríguez dice que en la isla nunca conoció ese veneno. Los cubanos, para matar los ratones, machacan vidrio y lo ligan con la comida. “Fidel sacrifica a su pueblo para quedar bien en otros países”, afirma el enfermero, quien atribuye esa “solidaridad” a un objetivo de propaganda política.

Borge celebra el crecimiento de la empresa privada en Cuba, siempre que no afecte la capacidad del Estado para dirigir la economía. “Economía privada controlada”, enfatiza el dirigente sandinista, quien sólo sugiere erradicar el burocratismo del Estado. “Menos burocracia, nada más”.

¿No sugeriría que concedan libertad de prensa? “No —dice con firmeza—. Porque la libertad que ellos tienen es vista de una manera diferente a como la vemos nosotros. La libertad política, allá hay un solo partido”.

En Cuba ningún ciudadano común puede opinar en los medios de comunicación. “Lo que pasa —dice Tomás Borge— es que es otro tipo de libertad de expresión. No entendible por nosotros aquí en nuestros países. Por ejemplo allá existe libertad para criticar, en los términos en que los revolucionarios critican, de una forma constructiva, con el fin de resolver una situación y no de empañarla con odios personales, actitudes ofensivas”.

Borge está de acuerdo con que el régimen de Castro haya encarcelado a 28 periodistas en marzo de 2003, a los que aplicaron condenas entre 14 y 27 años de prisión. “Es que no los encarcelaron por periodistas —explica—, ellos estaban conspirando. Estaban conspirando contra el Gobierno a través de la Embajada norteamericana. Lo que pasa es que aquí los políticos, yo no sé si los periodistas, tienen relaciones estrechas con la embajadora norteamericana y eso es considerado normal en Nicaragua. Pero es considerado como un delito en Cuba”.

EL PESO DEL SILENCIO

La periodista cubana María López Vigil, quien salió de la isla en 1961, relata en el libro Ni paraíso ni infierno: Cuba, cómo los medios de comunicación de la isla trataron la crisis de los balseros en 1994.

“Los balseros fueron noticia de primera plana en el mundo entero. No en Cuba. En los 15 días más críticos, ni un solo titular, ni una sola foto, ni una sola noticia en Granma, el diario oficial”, afirma.

“¿Hablaron los otros medios? Se referían al hecho, aunque muy discretamente. Al principio, calificando a los balseros de ‘lumpens’. Después, ante la masividad y la calificación profesional de los que se iban —ingenieros, médicos, hasta algún biotecnólogo— acordaron llamarlos ‘emigrantes ilegales’. Pero nunca los medios expresaron ni compasión ni comprensión con la crisis personal con la que se echaba al mar cada uno de estos cubanos”.

SIN INTERNET

El Gobierno de Cuba mantiene encarcelados a 32 periodistas, incluyendo los 28 que capturó en marzo del año 2003, informó la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) el mes pasado. También denunció que los ciudadanos cubanos tienen impedido el acceso a Internet, a menos que paguen en dólares, lo que ha dejado ese servicio sólo disponible para extranjeros.

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