Mike Tyson se paseó en el Garden bien acompañado.

Tyson ¡presente!

Ovacionado en el Garden Edgard Tijerino M. DESDE MIAMI.- Se supone que siendo razonablemente sensato, con cariño hacia ti mismo, no quieres parecerte a Mike Tyson. No, ¡por Dios! Que de diferentes maneras, tratas que tus hijos no vean sus fotos ni lean sus sórdidas historias. Que si casualmente lo encuentras en la calle, te […]

  • Ovacionado en el Garden

Edgard Tijerino M.

DESDE MIAMI.- Se supone que siendo razonablemente sensato, con cariño hacia ti mismo, no quieres parecerte a Mike Tyson.

No, ¡por Dios!

Que de diferentes maneras, tratas que tus hijos no vean sus fotos ni lean sus sórdidas historias.

Que si casualmente lo encuentras en la calle, te asustes primero, y de inmediato, cambies de acera para evitar dificultades obvias.

Que atrapado entre una toma de riesgos, prefieras abrazarte con el Conde Drácula que saludar al temiblemente grotesco ex campeón de boxeo.

Entonces, ¿por qué toda esa gente que se reunió en el Garden la noche del sábado, lo ovacionó cuando descubrió su presencia?

¿Cómo es posible que esa atracción hacia su figura, con algo de idolatría, no haya sido totalmente extinguida?

Me rasqué la cabeza haciéndola girar hacia las tribunas y pensé: ¿Qué resortes impulsan hacia una solidaridad para quien fue calificado –por amplio margen– como el hombre más malo del planeta y sus alrededores?

Bueno, nunca terminaremos de sorprendernos de nuestras propias contradicciones.

Mike Tyson provocó más excitación que toda la cartelera puesta en escena por Don King el sábado.

Atraía más verlo caminar detrás de la simpática morena que lo acompañaba, que seguir lo que ocurría –o mejor dicho no ocurría– en un ring de quieta “oscuridad” en la Catedral del Boxeo.

Aunque Tyson fue derrotado categóricamente por Evander Holyfield dos veces y borrado del cuadrilátero por Lennox Lewis, su fama de “matón” y la necesidad que tiene el boxeo de tipos como él, se mantienen latiendo.

Lo comprobamos el sábado.

Y pensé: ciertamente, las virtudes no hacen al ídolo.

Es como si todos nosotros, tuviéramos reservas de simpatía para aquellos que siendo tan vulnerables e imperfectos, logran elevarse hacia la grandeza, “codeándose” con los especiales, los fuera de serie.

Michael Jordan, visto al revés y al derecho, es un ejemplo para nuestros hijos, lo mismo que Pete Sampras, pero hay locura por Diego Maradona, sin importar todo lo que ha hecho fuera de la cancha.

“Para nosotros es un Dios”, me decía con una sencillez conmovedora, un taxista en Buenos Aires, y agregaba: “Todos quisiéramos tener en casa un pedazo de él”.

Y me pregunté: ¿Un pedazo de quien convirtió su vida en pedazos?

Impecablemente vestido con un traje color crema, mostrando ese tatuaje que le cruza un lado del rostro, con esa mirada de ex convicto que nunca ha perdido, manteniéndose fiel a una indisciplina frustrante, lejos de las enseñanzas que intentó inyectarle Cus D´Amato, el feroz Mike Tyson entró al Garden como un pavo real.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí