Chéster Membreño Palacios
Para nadie es un secreto que las universidades públicas nicaragüenses son dirigidas por profesionales e intelectuales afines a ideologías izquierdistas. Esto no sería perjudicial para nuestra sociedad sino fuera porque las universidades públicas funcionan gracias al pago de nuestros impuestos, y por lo tanto la dirección y administración de la supuesta autonomía universitaria debería ser ajena a cualquier filiación política.
Los rectores de nuestras universidades deberían presentar un informe público sobre el estado actual de la educación superior para saber si los egresados tienen la capacidad para competir en un mundo globalizado y competitivo.
De nada sirve salir de una universidad con un título si al optar a un empleo en el sector privado nacional o centroamericano no se tiene la capacidad para cumplir con las exigencias de rigor; peor aún si el título es emitido por una institución descalificada por estar influenciada por ideas ajenas a la verdadera eficiencia educativa.
En las ciencias exactas no hay posibilidad de influenciar a un estudiante, como sí ocurre en las humanidades y las ciencias sociales, en la que la bibliografía exigida favorece a los autores que sustentan la ideología izquierdista. No es de extrañarse que el intelecto de nuestros rectores esté enajenado o empeñado a un nefasto proyecto ideológico. Esto ha ocurrido en otros países de América Latina.
Abogado y Notario Público.