- A partir de 1990 se han ido del país 800 mil nacionales buscando alternativas a la pobreza y falta de empleo en el país
Gabriel Sánchez Campbell yMario José Moncada
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Ya en el asiento del avión le molestaba que no viajaría en primera clase como aquella joven ejecutiva que en sus cuatro años de universidad pensó que volaría a todo el mundo, para arreglar los conflictos comerciales del país. Su primera experiencia dentro de un boeing 727 era otra. Asiento A-4, contiguo a la ventana número ocho del lado izquierdo en la clase económica. Motivo de viaje: desempleo.
En el 2002, cuando se fue Cristiana Fernández Lacayo, más de 100 mil nicaragüenses inmigraron a Estados Unidos, Costa Rica, y otros países del mundo. Más de 300 personas por día, según datos oficiales.
Hecha un río de lágrimas, después que se despidió de su familia, se consoló pensando que le iría mejor en ese Estados Unidos, en donde una amiga le había conseguido un empleo en un restaurante de comida italiana, en donde ganaría 250 dólares semanales.
Cristiana Fernández Lacayo, una joven recién graduada en Comercio Internacional, trataba de adivinar en los rostros de los más de los 200 pasajeros que partieron esa gris mañana de octubre, cuántas personas más iban en su misma situación.
A partir de 1990 más de 800 mil nicaragüenses han inmigrado buscando una mejor vida, una cifra elevada si se le compara con los 100 mil nacionales que salieron en las décadas de 1970 y 1980.
Actualmente Nicaragua es uno de los países que está llegando a un alto grado de inmigración. A la fecha se estima hay unos 900 mil nicaragüenses en el exterior. Casi la misma cantidad de habitantes que viven en Managua. Aportan a la economía nacional el equivalente al 19 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), a través de las remesas familiares calculadas el año pasado en 788 millones de dólares, es decir 180 millones de dólares más que las mismas exportaciones de productos de Nicaragua, según un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
QUIENES SE HAN IDO
Pero una lista de las personas que viven fuera del país es algo que podría ocupar todo el espacio de este artículo. Sólo para ejemplificar algunos de los casos de Nicaragua, se han ido campesinos, obreros, amas de casa, profesionales y hasta ancianos.
El fenómeno de la inmigración inició primeramente después del terremoto de 1972, cuando unos 10 mil nicaragüenses decidieron buscar una mejor vida en Estados Unidos y en el vecino del sur: Costa Rica.
Luego con los problemas de la inestabilidad política del país, en la década de los años ochenta, salieron unos 50 mil nicaragüenses más. Y las salidas han sido más frecuentes desde la década de 1990.
Según Oscar René Vargas, un economista y sociólogo que ha hecho un estudio sobre el fenómeno de la inmigración, en la década del ochenta, hubo tres momentos específicos que hicieron que la gente se fuera.
El primer momento explica que se dio entre 1980 y 1984, cuando salieron los perseguidos por el nuevo régimen de facto. El segundo grupo que salió entre 1984 y 1987 es el de los que huian del servicio militar. Los terceros son los exiliados económicos que salieron desde 1988 y se mantiene a la fecha.
Este último bloque aprovechó muy bien la situación política del país para buscar asilo político en países como Estados Unidos y Costa Rica, por lo cual estima que hay millón y medio de nicaragüenses en todo el mundo, contrario a las cifras oficiales.
Vargas no cree que en el corto plazo este fenómeno se detenga. “La única cosa que puede disminuir la inmigración son las represiones que los países puedan tener para los nicaragüenses”.
Comenta que en un estudio hecho en Costa Rica, se descubrió que aproximadamente el 80 por ciento de los trabajos más duros que los ticos no quieren hacer, son los domésticos, obreros de construcción o ser trabajadores de las alcaldías, lo están haciendo los nicaragüenses. En Estados Unidos es diferente por la escala de esa economía.
LAS SALIDAS
El economista Néstor Avendaño sostiene que el principal problema de la inmigración es el desempleo, el cual se maximizó en los años noventa, cuando se empezaron a aplicar medidas macroeconómicas que por una parte hicieron que el desempleo se incrementara en el Gobierno y la misma empresa privada.
Avendaño añade la contracción económica mundial, sumado al proceso de inversión privada con la generación de empleos de calidad.
Mario Torres, secretario técnico de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME), reconoce que la migración de nicaragüenses se ha incrementado a partir de los años noventa, alentada por un crecimiento económico que nunca llega y un crecimiento demográfico “muy alto”, por el orden del 2.7 por ciento anual, a pesar de los esfuerzos que se hacen, indica.
En efecto, se estima que 90 mil jóvenes ingresan anualmente a la Población Económicamente Activa (PEA), es decir a las personas en edad de trabajar, la que este año alcanzará los 2.2 millones de personas, de las cuales 600 mil estarán en el desempleo, según estimaciones de economistas independientes.
Sin embargo, el Gobierno se ha planteado la meta de que la economía nacional crecerá este año 3.7 por ciento, para obtener un Producto Interno Bruto (PIB) de 4,217 millones de dólares, lo que según las proyecciones más optimistas del Banco Central de Nicaragua (BCN) permitirá la creación de 80 mil empleos.
El asunto, añade Torres, es que el crecimiento de la población “es relativamente grande aún”, por lo que cada año está ingresando una cantidad de gente al mercado laboral, “sin que exista capacidad de absorberlas, no hay una armonía entre el crecimiento demográfico y la cantidad de trabajo que se produce”.
Valora que “las fuerzas productivas no se desarrollan para producir un incremento de la riqueza, que pueda repercutir en detener estos movimientos (migratorios) o hacer menos atractivo el movimiento hacia fuera”.
No obstante, señala que el fenómeno de las migraciones es uno a nivel mundial, que se da en países desarrollados como subdesarrollados, aunque reconoce que las razones que lo originan en estos países son diferentes.
Ejemplifica que los europeos emigran entre países de la misma Europa, o bien hacia Estados Unidos, mientras que ciudadanos de este país a su vez lo hacen hacia Australia, pero son migraciones ordenadas porque entre estos países existen tratados y acuerdos específicos.
Añade que efectivamente en países como Nicaragua las migraciones principalmente hacia Costa Rica y Estados Unidos, se están dando por razones de trabajo, en busca de algún tipo de ventaja que le permita a una persona progresar “y no caer en el abismo que significa la pobreza y seguir cayendo socialmente”.
Muy por el contrario, añade, en los años ochenta la migración se vio marcada por dejar atrás la violencia, la situación política y el conflicto armado, al punto que destaca que aunque no se tienen cifra concretas, se estima que durante esa época, el 70 por ciento de los profesionales y técnicos abandonaron el país en lo que se conoce como “fuga de cerebros”.
LOS GANADORES
A juicio de Torres, los países receptores de estos migrantes son los mayores ganadores y naturalmente “el país que pierde es Nicaragua”, porque “una gran cantidad de gente que emigra sigue siendo profesional de todos los niveles, desde educación superior a media, van a trabajar a otro país por salarios inferiores a los que ganaría un profesional de allá, pero superior al que ganaría un profesional de acá”.
Torres recuerda cómo la situación actual se ha invertido, en la que Nicaragua entre los años cincuenta y setenta era un país receptor de migrantes como salvadoreños y hondureños, quienes venían a faenar en las labores agrícolas como el corte del algodón, en tiempos cuando “la situación política y económica lo permitían”.
La falta de políticas concretas para abordar el asunto de las migraciones es parte del problema, pues aunque el fenómeno no es nuevo “no existe un marco de políticas destinadas a ayudar, a orientar de manera permanente a estos grupos”, a no ser de algunos intentos binaciones como el caso entre Nicaragua y Costa Rica, “para ayudar que los flujos migratorios transcurran dentro de un marco de legalidad y justicia”.
EL SIGLO DEL EXTRANJERO
Un estudio sobre la situación migratoria en la región, elaborado en diciembre del 2001 por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), ya pronosticaba que con certeza “el principio del tercer milenio se verá dominado por el problema de los flujos migratorios y de los refugiados”. “Será el siglo del extranjero”, añade.
Según ese balance, los movimientos migratorios en Centroamérica obedecen a una “mezcla de factores” tanto económicos como políticos y ambientales, dejando claro que tales movimientos “presentan una nítida tendencia hacia su incremento y diversificación”.
Los flujos se han producido primero por los conflictos bélicos y las condiciones políticas “que ponían en riesgo la vida de las personas, pero también se observa “un aumento marcado de la emigración sobre todo hacia Estados Unidos y en menor medida hacia México y Canadá en busca de mejores condiciones de vida”.
Citando datos de la Comisión Centroamericana de Directores de Migración del istmo, que se reunieron en Montelimar en octubre del 2000, los movimientos más significativos dentro de la región se producen desde Nicaragua hacia Costa Rica y Honduras; luego, con menor magnitud desde Honduras hacia Nicaragua y El Salvador, y desde Costa Rica hacia Nicaragua y Panamá.
“Centroamérica tiene una población migrante calculada en cinco millones de personas, que dejaron sus países en busca de mejores condiciones políticas y económicas”, siendo El Salvador el que marcha a la cabeza con 2.4 millones de personas.
Nicaragua tendría un millón de migrantes según la OIM, cifra que para el Secretario Técnico de Migración de Nicaragua, Mario Torres, no está lejos de la realidad.
Estima que la cifra anda entre los 800,000 al millón de nicas en el exterior, es decir poco menos de la población de Managua, que ronda los 1.2 millones de habitantes.
Con esta cifra de nicas en el exterior, Nicaragua tendría una población migrante equivalente a entre 12 al 15 por ciento de la población que reside en el territorio nacional, lo que sitúa al país con “niveles medios acercándose a altos” de flujos migratorios.
POCA REMUNERACIÓN
Alejandro Mansell, directivo del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), considera que la gente se está yendo porque siente que su capacidad no está siendo recompensada económicamente trabajando en Nicaragua. “Una vez que uno quita ese sentimiento real que no es ficticio, podría lograrse que la gente regrese al país”.
LAS POLÍTICAS PÚBLICAS
Mario Arana, titular del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), está consciente que la migración de los nicaragüenses es una situación que se ha desarrollado cada vez más con los años. No obstante sostiene que dentro de las políticas públicas que se están desarrollando el Plan Nacional de Desarrolle incluye componentes para la creación de empleos.
Cree que con eso podrían disminuir el problema de la migración, pero expresa que hay que crear las condiciones necesarias para que a la inversión extranjera le sea atractivo invertir en Nicaragua.
Por ello dice que se están creando infraestructura productiva y apoyo a sectores productivos a través de los conglomerados como el de la maquila, turismo, carne y leche, que ha hecho que se mejore un poco más la situación de los empleos.
Arana sostiene que para hacer efectivas las transformaciones hay dos puntos fundamentales que resolver: el problema de la propiedad y la debilidad del sistema judicial. “Pero para ello debemos trabajar todos y no sólo un sector del Gobierno, es hora de que se dejen intereses partidarios para que haya verdadero desarrollo”.
Dentro de las cosas que el Gobierno actual ha hecho considera que la estabilidad macroeconómica, la recuperación de la credibilidad ante la comunidad internacional han ayudado a mejorar el clima de negocios y que si se aprueba el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, la situación económica podría mejorar más.