Leonardo Centeno [email protected]
“Dadme un punto de
apoyo y moveré al mundo”.
Arquímedes
Pensador (ingeniero) griego
Durante la década de los setenta Nicaragua entraba paulatinamente en el tema del comercio internacional, al mismo tiempo que fue estructurando su criollo pero efectivo sistema nacional de apoyo a las empresas. El mercado objetivo estaba claramente identificado, fuera éste nacional o regional (con lo que quedaba del mercado común centroamericano); hasta ese momento, el mercado internacional (estadounidense principalmente) lo representaba, principalmente, la producción de la zona franca. El mecanismo de apoyo, a lo interno, se construía a la perfección en torno a esta realidad, y las empresas, fueran éstas de los sectores primario o secundario, recibían asistencia y recursos. En otras palabras, el fomento interno era la clave.
En estas tres décadas pasadas una de las lecciones más importantes que hemos aprendido es que existe una relación inversamente proporcional entre estrategia nacional de desarrollo, donde el fomento juega el rol clave, e índice de desempleo y pobreza. O sea, mientras una sube, la otra baja, y viceversa. En otras palabras, hay una correlación directa entre tener (I) una estrategia de desarrollo con (a) trámites claros y lógicos, (b) instituciones de fomento (servicios financieros y no financieros), (c) políticas institucionales claras y coherentes, y (d) mercados meta establecidos, con (II) un país competitivo, que cuenta con empresas con enfoque exportador, empleos competitivos tecnológicos, etc.
Del 79 a esta fecha, el establecer nuestros mercados objetivos ha sido una situación traumática, donde la geopolítica ha jugado un papel clave, pasando a los extremos de tener mercados “golondrinas” altamente rentables, y otros fijos pero áridos; hasta que el Cafta asomó en el horizonte.
Si todo lo que el Gobierno de la Nueva Era ha declarado sobre el Cafta es verdad, nos referimos a: las bondades que ofrece este mercado potencial, su cronograma de ejecución, sus cuotas, etc. entonces este acuerdo debería convertirse en el norte que hemos buscado desesperadamente desde hace décadas; o al menos en el más importante de los mercados objetivo o meta.
No está de más decir que mientras el Cafta no entre en vigencia, contamos con un tiempo precioso para prepararnos en muchos campos, y aprovechar mejor este acuerdo, no sólo pensando en las empresas que producen para el mercado internacional, sino las que tienen como meta el mercado local; aquí es donde entra en juego la estrategia nacional de desarrollo.
El objetivo último de toda estrategia de desarrollo debe ser el de “elevar la calidad de vida de el/la nicaragüense promedio, por medio del aseguramiento de un empleo digno, a través de empresas competitivas, las que reciben servicios a través de una estrategia de fomento, coherente y con enfoque sistémico”; no hay otra forma de alcanzar lo anterior sin un programa de fomento empresarial. De no ejecutarse, seremos permanentemente clientes de la cooperación internacional y de los nicaragüenses apostados en el exterior.
Esta estrategia de desarrollo debe tener al Cafta como un punto de apoyo o referencia, y desde dicho acuerdo armar al Programa Nacional de Desarrollo (PND); se hace necesario aclarar que ni el Cafta ni el PND son un fin en sí mismos; son, el primero, el principal punto de apoyo, y el segundo el medio para alcanzarlo.
Este acuerdo (Cafta) debe ser lo suficientemente fuerte, para soportar sobre él, por un lado, todo el peso que ejerza el PND en su ejecutoria, y por otro lado, todo el “producto terminado” que genere dicha acción. Si toda la fuerza que genere el PND no es soportada debidamente por medio del Cafta, éste se romperá como punto de apoyo, y la esperanza de “elevar la calidad de vida …” será un sueño. Lo opuesto también sería grave, que el PND no genere la suficiente fuerza esperada, para no aprovechar las bondades del Cafta, sin que se consiga elevar del todo la tan deseada “calidad de vida”.
Una cosa sí es cierta, actualmente la condición de vida del/la ciudadano/a promedio es mantenida, principalmente, por la cooperación internacional, y por las remesas de nuestros familiares en el exterior, y esta situación permanecerá prácticamente “congelada” mientras el país no desarrolle su propia capacidad para llenar la carencia que ellas cubren. Esto sólo será posible si (a) el Gobierno desarrolla la parte medular del PND, que es el fomento empresarial, y (b) la ejecución efectiva del Cafta.
Me pregunto, por qué este Gobierno que puso tanto empeño en negociar el acuerdo Cafta, no le ha dado igual importancia a la otra cara de la moneda, que es la tarea de enfocarse en el fomento empresarial, el cual únicamente es ejecutable por medio de sus propias instituciones. Si tomamos como punto de referencia los datos del año 1977, prácticamente no hemos arrancado.
El señor Presidente no sólo tiene enemigos que derrotar, u oposición que convencer, me parece que lo más difícil de su Gobierno ha sido y será poner a trabajar, de forma coordinada, a su propia gente. En lo que lleva de gobierno, ha quedado claro que al presidente Bolaños le es más fácil conseguir un millón de dólares con los donantes aliados, que encontrar instituciones de fomento que ejecuten efectivamente igual cantidad de plata.
A continuación, algunas sugerencias que propongo:
– Hacer más competitivo el clima de negocios: trámites precisos, llevados a cabo eficientemente.
– Crear un banco nacional de fomento, con enfoques (a) exportador, y (b) de aseguramiento alimentario. Ha quedado demostrado que el FNI es un paso innecesario, caro y poco eficiente en la colocación de recursos al empresario.
– Facilitar el fortalecimiento del mercado de aquellas empresas con productos que ya cruzan fronteras, especialmente dirigidos a Estados Unidos.
– Fortalecer los instrumentos de intervención para las empresas, especialmente las Pymes, tales como el Inpyme, IDR, INTA, Mag-For, FCR, etc. (ignoro por qué al Gobierno Central se le ha dificultado tanto esta tarea)
– Articular la ejecutoria de los instrumentos (punto 4)
– Facilitar el encadenamiento (horizontal y vertical) de empresas de sectores que calzan en el punto anterior.
– Fortalecer empresas suplidoras de bienes y servicios a aquéllas que exportan, y que caen en el punto anterior.
– Facilitar la agremiación de las empresas, principalmente las que cuentan con un perfil Pyme.
– Desarrollar un enfoque de cadenas productivas, con el objetivo de resolver cuellos de botella flotantes, y cualquier otro elemento que no esté en su lugar.
El autor es director del Programa de Atención Empresarial, de la Universidad Nacional de Ingeniería (PAE/UNI)