Roberto Morales [email protected]
El Mercado Común del Sur (Mercosur), recientemente selló un acuerdo de libre comercio con la Comunidad Andina Naciones (CAN) para dejar instalado el mayor desafío en la historia de estos bloques mediante la creación del mayor corredor de mercaderías de América del Sur.
El Mercosur y la CAN tienen un intercambio de unos 5,500 millones de dólares anuales con un superávit de unos 2,000 millones de dólares, aproximadamente. El acuerdo integrará a 350 millones de personas que producen un billón de dólares al año en bienes y servicios. Asimismo, las exportaciones del Mercosur a la Comunidad Andina sumaron casi 4,000 millones de dólares el año pasado, en tanto las ventas de la CAN a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay totalizaron 1,400 millones.
Estos bloques, a todas luces, cumplieron las expectativas que proporcionó el anuncio de la firma del Tratado de Libre Comercio entre los dos grupos subregionales recientemente en Buenos Aires, conformando un área sudamericana de libre comercio, transformándose, en el plano político, en un polo y un bloque subregional consolidado frente a cualquier negociación ofreciendo una nueva posición sudamericana.
El bloque conformado se fortalece con miras a tener más oportunidades y poder establecer mejores criterios y estrategias negociadoras frente a otros bloques, sea ante las negociaciones del ALCA o con la UE.
Los países participantes: Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay del Mercosur y Ecuador, Venezuela y Colombia del CAN han materializado la creación de una vasta zona libre de aranceles en la región del sur. Aunque el comercio entre los dos bloques ha tenido altibajos, en particular por las crisis económicas, financieras y políticas que sufrieron sus miembros, se estima que el acuerdo de libre comercio hará crecer de inmediato el intercambio. Este hecho cambia radicalmente la geografía económica y comercial de la zona.
El TLC del Mercosur y la CAN prevé un cronograma de desgravación arancelaria en toda Sudamérica, mediante un listado de productos de desgravación inmediata, otra lista a 10 años y una de productos sensibles, no mayor a 15 años, (p.e. commodities y alimentos). No obstante, aún subsisten diferencias en los cronogramas como en las normas de origen, en el sector textil y siderúrgico. No obstante, ha quedado demostrada la voluntad política de los países miembros para resolver de manera inmediata sus problemas formulando soluciones consensuadas que proporcionen beneficios a todos los participantes.
Este acuerdo comercial deberá ser formalizado ante la Secretaría General de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), entrando en vigor el próximo primero de julio, debiéndose incorporar a la legislación interna de todos los estados participantes. Las negociaciones así denominadas “cuatro más uno” del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay con Perú), se encuentran en su fase final y están inmersos dentro del marco del proceso comercial integracionista.
Perú, tiene Acuerdo de Complementación Económica Perú-Mercosur (ACE), orientado al establecimiento progresivo de una zona de libre comercio, quedando pendiente la conclusión del programa de liberación con Uruguay. Este hecho ha permitido que el Perú sea excluido por mantener una negociación diferente y por separado. Sin embargo, lo anterior no implica que el Perú no esté participando o no sea beneficiario en el TLC.
En el acuerdo Perú-Mercosur se prevé que la parte sustancial del intercambio comercial, un 90 por ciento aproximadamente, quede sujeto al cronograma de desgravación inmediata, es decir, libre de aranceles y gravámenes desde la misma entrada en vigencia del acuerdo comercial. Los países andinos tienen ya adoptado el 100% del arancel externo, a excepción del Perú, pero si se le incluye, tiene un plazo hasta 2005, disminuyendo el gravamen al 62%.
Al margen de todo lo anterior, dentro de este proceso, donde ha primado y prevalecido la voluntad política de los Estados, no todo ha sido fácil. La firma del acuerdo se vio amenazada hasta el último minuto por serias diferencias, sobre todo por los planteamientos de Uruguay ante los países de la CAN, quien se resistía a que los países andinos mantuvieran medidas de salvaguardia para el sector agrícola y rechazaba la existencia de zonas francas, porque consideraba que éstas suponen una competencia desleal que afectará directamente a los países más pequeños del Mercosur.
Finalmente, la Comunidad Andina de Naciones (CAN), ha invitado al Mercosur a firmar un pacto integrador el 9 de julio del presente año, proyectándose de esta manera la primera cumbre de los dos bloques subregionales tras la suscripción del acuerdo de libre comercio. Esta oportunidad es propicia y muy significativa para que los países miembros de ambos bloques suscriban un acuerdo estratégico con miras a establecer un programa que defina los futuros pasos de la integración sudamericana.
El sueño de la unión sudamericana está casi completo, ¿podrá Centroamérica seguir este ejemplo?
El autor es jurista en Derecho Internacional.