- Cientos de devotos de San Rafael del Norte, Jinotega, León, Estelí, Matagalpa, Managua y hasta de Honduras participan en el Vía Crucis de El Tepeyac
- Cientos de devotos de San Rafael del Norte, Jinotega, León, Estelí, Matagalpa, Managua y hasta de Honduras participan en el Vía Crucis de El Tepeyac
Emiliano Chamorro
SAN RAFAEL DEL NORTE, JINOTEGA.- No importó el inclemente sol, ni mucho menos subir más de 150 metros de altura. Dicen que la fe mueve montañas. Y así fue, un mar humano de devotos acompañó al Nazareno en la procesión del Vía Crucis que recorre 14 estaciones hasta llegar al Santuario de El Tepeyac, donde la imagen permanece alrededor de media hora.
Manuela del Carmen Cruz, de 56 años, al subir la primera estación de El Tepeyac irrumpió en llanto. Asegura que Cristo la sanó de una enfermedad en la que los médicos la habían desahuciado.
“Mi Cristo llegó a mí cuando yo más lo necesitaba. Los médicos a mí me habían desahuciado, pero mi vida se la encomendé a Jesús en oraciones y ya ves… aquí estoy sana. Es por eso que siempre acudo a honrarlo. Él es mi médico”, expresó mientras se secaba las lágrimas.
Al igual que esta mujer, miles de devotos de varias partes del país se concentran los Viernes Santos de cada año para participar en el Vía Crucis celebrado de San Rafael del Norte, ubicado a 22 kilómetros de la ciudad de Jinotega.
PERSEVERAR EN JESÚS
En la segunda estación, el cura párroco de San Rafael del Norte, Enrique Herrera, instó a los feligreses a seguir el ejemplo de Cristo, de quien recordó el gran amor que tuvo por la humanidad al derramar su sangre.
“En este día especial debemos recibir su gracia, su misericordia, su perdón y su fuerza para poder perseverar como Él perseveró en ese amor al Padre y ese amor a nosotros. Que también nosotros podamos caminar con nuestra cruz de cada día con amor, con fe, porque no estamos solos, Jesús nos acompaña segundo a segundo, de eso debemos sentirnos seguros”, dijo el cura.
EJEMPLO DE FE
En el Vía Crucis fue admirable la fortaleza de cientos de ancianos que a pesar de su edad subían hasta El Tepeyac.
Un ejemplo de ello, fue doña Bernarda Zapata, de 83 años, quien subió sin ayuda de nadie las 14 estaciones para acompañar a la imagen del Nazareno. “Es verdad que estoy viejita, pero Jesús me da fortaleza”, expresó la anciana, quien es oriunda de la comunidad La Sotana, ubicada al norte de San Rafael.
El fraile Saturnino Molina, encargado del Centro de Retiros y Oración de El Tepeyac, exhortó a los presentes a imitar a Cristo para que desaparezca el odio y las indiferencias.
Además hizo un llamado a las familias a que sean unidas y sobre todo impulsar la enseñanza cristiana a los hijos para que les sirva como fortaleza espiritual a sus vidas y sean personas de bien en la sociedad.
En el Vía Crucis de El Tepeyac es común ver a personas vendadas, descalzas y otras que hasta de rodillas suben las 14 inclinadas escalinatas en donde se realiza cada una de las estaciones.
CURÓ A SU NIETO
Flavio Rivera, de 49 años, desde hace cuatro años recorre descalzo y con los ojos vendados el trayecto del Vía Crucis desde la Iglesia San Rafael Arcángel hasta El Tepeyac. Él paga una promesa porque, según dice, Jesús sanó a su nieto de un cáncer “gracias a la fe que tuvimos en el Señor Jesucristo. Es por eso que hoy Viernes Santo lo adoramos”, relata.