María José Zamora*
En la película La Pasión de Cristo encontré numerosas analogías con nuestra realidad nacional.
Vi en Jesús martirizado y ultrajado a la igualmente sufrida Nicaragua. Los romanos que sin piedad azotaron y torturaron a Jesús me recuerdan a los diputados que a pesar de saber que Nicaragua se desangra siguen dándole latigazos por órdenes superiores. Barrabás es indudablemente Arnoldo Alemán: Nicaragua a cambio de su libertad.
Los sacerdotes que se empeñan en eliminar a Jesús y manipulan la situación hasta conseguir lo que quieren para sus propios intereses mezquinos y egoístas, son los jueces y magistrados de la CSJ.
Todos los políticos, intelectuales y empresarios que no actúan, ni se pronuncian en contra del pacto libero-sandinista, están representados por Pilato, quien alegando que no es de su incumbencia se lava las manos y entrega a Jesús a sus verdugos. Simón de Cirene ayuda a cargar la pesada cruz que lleva Jesús, así como los países amigos ayudan a Nicaragua. Finalmente, el demonio, luchador incansable por esparcir su malevolencia sigue siendo el mismo que todos conocemos.