- Habitantes del sector han advertido a bañistas que el lugar es muy peligroso
Carlos Martínez Morán
En el mismo sitio del balneario San Diego, donde el domingo pasado se ahogó una pareja de novios, murió también ayer por sumersión un joven de 17 años, identificado como Alejandro Matamoros Grijalva.
En compañía de su prima, Geesell Noelia Ruiz Grijalva, se introdujo al mar y ambos empezaron a jugar con el agua a la cintura sobre una plancha de piedra, ubicado frente a un estero, sin imaginar que en ese sitio la muerte acecha a cada momento.
Repentinamente surgieron dos olas seguida y en fracciones de segundo, el sitio que parecía tranquilo, se convirtió una enorme trampa, llena de remolinos que los arrastró hacia un lugar profundo.
“Mi primo sabía nadar muy poco y me pidió que le ayudara porque se estaba ahogando. Yo nadé hacia él y le dije que no se desesperara, que tratara de flotar conmigo para mientras recuperaba fuerza. Pero sentí que en un momento me estaba apretando mucho y me estaba quitando movilidad. Sentí miedo porque la corriente nos había arrastrado bien adentro y decidí soltarme”, relató entre sollozos la joven.
“Agregó que en aquella lucha contra la muerte, pudo observar la desesperación y angustia en el rostro de su primo que a veces se hundía y luego salía entre las encrespadas olas.
“Cuando volteé hacia la costa, todavía logré escuchar que me decía que se estaba ahogando, que lo ayudara, pero yo estaba sin fuerzas y lo único que se me ocurrió fue salir a la costa y pedir ayuda”, agregó.
LOGRÓ SALIR
Ruiz Grijalva señaló que, a como pudo, logró alcanzar una parte seca y correr hacia donde estaba su familia para pedir que lo ayudaran, pero que hasta en ese momento se dio cuenta que en el lugar no había ningún socorrista de la Cruz Roja.
El sitio donde desapareció el joven es como una plancha de piedra que termina en un abismo y donde existen cuevas enormes, donde los pescadores a veces llegan a capturar ostiones.
Es considerado un lugar muy peligroso y algunos pobladores de San Diego han colocado rótulos, advirtiendo a los bañistas sobre el peligro que ahí reina, pero la misma gente se encarga de arrancarlos, aseguró José Inés López Gutiérrez, habitante de ese lugar.
“En los seis años que llevo viviendo aquí, he visto a mucha gente ahogarse en esa plancha de piedra. Aunque se le advierte del peligro no hacen caso porque vienen tomados y se meten a ese lugar. Ellos creen que es seco, pero de repente caen el abismo o se los traga alguna ola. La mayoría nunca aparece”, dijo.
REMOLINOS HALAN A VÍCTIMAS
Señaló que el sitio es tan traicionero, que hasta socorristas de la Cruz Roja Nicaragüense, se han escapado de ahogar, porque los que caen en el abismo, la fuerza de los remolinos, los hala hacia abajo y, cuando eso ocurre, hay muy pocas posibilidades de salvación.
El joven Alejandro Matamoros Grijalva residía el la Colonia Maestro Gabriel, en Managua, y cursaba el quinto año de secundaria en el Instituto Experimental Méjico, informaron sus familiares.
Llegó al balneario a eso de las 10:00 a.m., en compañía de tu tío Leo Grijalva Gómez y de su prima, Geesell Noelia Ruiz Grijalva.
Tenía intenciones de estar sólo una hora en el mar y luego marcharse a una finca cercana.