- Ex inspector de armas de la ONU
asegura que Washington nunca quiso aceptar evidencia contraria a la existencia de arsenales prohibidos
Pedro C. Martín (*)EFE REPORTAJES
Coincidiendo con el aniversario de la guerra de Irak, el ex jefe de los inspectores de armas de la ONU, Hans Blix, asegura que Estados Unidos, antes de invadir Irak, tenía una idea fija acerca de que Bagdad poseía armas de destrucción masiva y rechazaba las evidencias de lo contrario.
“Creo que tenían una idea fija. Ellos (el Gobierno de Washington) querían llegar a la conclusión de que allí había ese tipo de armas”, dijo el sueco Blix en una entrevista con la cadena de televisión NBC.
Añadió que los responsables estadounidenses “estaban convencidos de que existían (esas armas)” y no estaban interesados en pruebas que señalaron lo contrario.
El secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, acaba de asegurar que en Irak “no volverá a haber armas de destrucción masiva” gracias a la salida de Saddam Hussein del poder.
Powell dijo que “estamos sorprendidos, porque pensamos que habría arsenales” en Irak, en una comparecencia ante la cadena de televisión Fox.
“Yo creía razonablemente que esos arsenales estarían allí”, señaló el responsable de la política internacional estadounidense, tras afirmar que el Reino Unido, EE.UU. y otros países del mundo creían que había arsenales de destrucción masiva “de los que se desconocía el paradero” en el país árabe.
EL PAPEL DEL 11 DE SEPTIEMBRE
Pero, según Blix, el motivo de la invasión de Irak fueron los atentados del 11 de septiembre de 2001.
El ex jefe de inspectores considera que esa tragedia motivó a las autoridades de Estados Unidos a destruir “posibles vínculos teóricos e hipotéticos entre Saddam Hussein y los terroristas. Eso fue equivocado. No había nada”.
Blix califica de “muy pobre” la credibilidad de los informes del espionaje estadounidense y británico sobre la existencia de esas armas en Irak, y que “no encontró nada” durante las verificaciones que llevó a cabo en enero de 2003 en varios lugares que fueron señalados como sospechosos por parte de los servicios de espionaje.
“Entonces fue cuando realmente empecé a dudar de la calidad del espionaje, porque parecía que esos servicios estaban cien por ciento seguros de que había esas armas, pero tenía un cero por ciento de conocimiento de los lugares donde estaban”, subrayó.
Para Blix, Saddam Hussein no era un peligro para el mundo en 2003, ni para la región, “pero sí era un terror para su propio pueblo. En ese sentido, su propio pueblo está hoy más seguro de él, pero no está seguro de ideologías y de los terroristas en su país”.