Pedro Rafael Díaz Figueroa
Del que enseña alabemos el estro,
Bendigamos su vida y su ejemplo
Veneremos la escuela que es templo
Donde oficia abnegado el maestro.
Es lamentable, penosa y dramática la situación del maestro nicaragüense en estos tiempos de paz y progreso. ¿Cómo es posible que se haya anunciado con bombos y platillos un mísero aumento en el mes de enero y llegó marzo y nada de cumplir? ¿Será que creen que un maestro (a) puede vivir con un salario de 950 córdobas?
Los gobernantes deben valorar la exhortación del profesor Násere Habed López: “Es deber patriótico rescatar la dignidad del maestro comenzando por mejorar sustancialmente sus salarios, incrementándoles por lo menos en un ciento por ciento para que cubra por lo menos la canasta básica”.
Ser justo es necesario y urgente. Hacerse oídos sordos y ciegos es pecado ante miles de educadores necesitados.