De la HIPC, el Cafta y demás historias

Mario R. España [email protected] HIPC, Cafta, Clusters, PND… ¡ufff! A veces ya nos cansamos de tantas palabras complicadas para decirnos que hay que hacer algo. Y es curioso lo teóricos que a veces nos volvemos —y vaya si salen expertos en los medios— diciendo lo que se debería hacer. Y otra vez el reclamo sin […]

Mario R. España [email protected]

HIPC, Cafta, Clusters, PND… ¡ufff! A veces ya nos cansamos de tantas palabras complicadas para decirnos que hay que hacer algo.

Y es curioso lo teóricos que a veces nos volvemos —y vaya si salen expertos en los medios— diciendo lo que se debería hacer. Y otra vez el reclamo sin respuesta: “¡Qué alguien haga algo!” Si, esto lo leo a cada rato en los periódicos, conversando con amigos… y bueno, yo también caigo muchas veces en la trampa de esperar que ese “alguien” venga y resuelva los problemas.

Hace unos días vi por televisión una entrevista al presidente Bolaños que me gustó mucho. El entrevistador hacía la siguiente pregunta al Presidente (no es textual): Sr. Presidente, ¿ahora que ya tenemos la HIPC, entonces ya nos vamos a desarrollar? Pero lo mejor fue la respuesta del Presidente cuando claramente nos dijo —a todos— que no, que ésta no es la solución, son meras herramientas para que nosotros, ahora sí, nos pongamos a levantar al país. O sea, don Enrique nos devolvió una “bola recia” con su respuesta. A ver qué hacemos ahora.

Y regreso a ese “alguien” al que muchas veces le echamos la culpa de que las cosas no cambien. “Es que hay que hacer algo”, “es que la situación”, “alguien debería…” Como decimos en mi tierra, ¡híjoles!

Ya va siendo hora que nos preguntemos: “Yo, qué estoy haciendo por mi país. Que voy a hacer para cambiarlo”. Y no hay una respuesta concreta, o si la hay no nos gusta tanto porque compromete. Pero ya es hora que seamos nicaragüenses de verdad, que queremos este increíble país, del que todo mundo dice que tiene un potencial enorme y que nos pongamos a trabajar.

Que sí, tendrá un potencial enorme como un carro de fórmula uno que puede llegar hasta 300 km/h, pero si no tiene piloto que lo maneje… por mucho potencial que tenga no se mueve nada. Pues igual con Nicaragua, por mucho potencial que tenga —y que lo tiene, está claro— si no lo aprovechamos estamos fritos (perdón por la expresión)

Y para mí esto es la competitividad (necio con estas palabras complicadas), o una parte de ella: competitividad es ponernos a trabajar con las oportunidades que hay. Competitividad es olvidarnos del “alguien” y cambiarlo por el “yo”. Competitividad es decisión: a trabajar, a proponer, a inventar, a ser emprendedores. Porque la competitividad no es algo etéreo, que flota en el ambiente; es algo muy personal, es una forma de ver las cosas con optimismo, es asumir el reto que nos lanza el Presidente —y que también nosotros mismos nos lo hacemos— y no tener miedo a “meter la pata”.

¿Y entonces qué cosas nuevas hay que hacer? Pues yo diría que ninguna. Es, más bien, hacer mejor lo que ya hacemos, sacarle el jugo a cada minuto de trabajo, aprender a trabajar en equipo y quitarnos la maña de ser espectadores y sólo reclamar lo malo. Es hora de que veamos al hoy y al mañana —que ayer ya pasó— y tomemos la decisión de que cada uno de nosotros, yo en primer lugar, somos los responsables de construir el futuro de Nicaragua.

¡Y mucho ánimo, que seguro estos próximos años van a ser impresionantes!

El autor es Gerente Comisión Manufactura Ligera.

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