El Salón de la Fama recibirá a sus nuevos inquilinos este día (5:00 p.m.). Julio Medina aparece en escena como uno de los principales promocionados en esta actividad.

¿Hay algo mágico?

El Salón nica abre otra vez sus puertas Edgard Tijerino M. “No vale la pena ser atleta de alto rendimiento”, dijo ayer Svitlana Kaschenko al compañero Wilder Pérez. Bueno, ella se siente frustrada después de venir desde Ucrania y decidir quedarse como especialista en tiro, en busca de un lugar para seguir creciendo. Qué pena, […]

  • El Salón nica abre otra vez sus puertas

Edgard Tijerino M.

“No vale la pena ser atleta de alto rendimiento”, dijo ayer Svitlana Kaschenko al compañero Wilder Pérez.

Bueno, ella se siente frustrada después de venir desde Ucrania y decidir quedarse como especialista en tiro, en busca de un lugar para seguir creciendo.

Qué pena, pero ni modo. El deporte pinolero ha sobrevivido difícilmente entre escombros, carente de respaldo, y por lo visto, así seguirá, consciente que no basta rezar, persiguiendo milagros.

Precisamente eso dimensiona más el esfuerzo realizado por aquellos que, saltando encima de las dificultades, han logrado proyectarse hasta conseguir un sitio en nuestro discreto Salón de la Fama.

Lamentablemente, sólo en un trozo de los años 80, con el apoyo de Cuba, la RDA, Bulgaria y la URSS, entre otros, los atletas nicas contaron con apoyo para movilizarse hacia esferas de mayor exigencia.

Aún así, pocos trascendieron más allá del territorio centroamericano, como Orlando Vásquez, un ganador sobre la tarima de 9 medallas Panamericanas.

Frente a lo que dice Svitlana, y que en carne propia lo han sentido tantos mientras veían carcomerse sus esperanzas, uno piensa, que vale la pena demostrarnos que podemos enfrentar retos aparentemente imposibles, yendo más allá de las limitaciones imperantes.

Y no desfallecer.

Walberto López compró todas sus raquetas, Donald Vélez contribuyó para la compra de sus propios boletos y poder así representar a Nicaragua en varias ocasiones, Carlos Vanegas compitió en Panamericanos con la suela de sus zapatos hecha tiras, Xiomara Larios pagaba su pasaje en autobús todos los días y compraba sus linimentos para adiestrarse, mientras buscaba una adecuada asistencia que nunca consiguió.

Ellos nunca lloraron, mucho menos gritaron sus penas al viento. Simplemente decidieron fajarse con todos los factores adversos, y lo hicieron.

Eso es lo mágico que tiene acumular méritos escalando montañas de intrincadas laderas y cruzando ríos de embravecidas corrientes, como lo hicieron Julio Medina, Gustavo Herrera, Jorge Cayasso, Heberto Portobanco, William Aguirre y tantos otros, para obtener bañados en sangre, sudor y lágrimas, una butaca en el Salón de la Fama.

Fue un error meter a tanta gente en la primera promoción. Algo precipitado que afectó la magia del hecho y debilitó el reconocimiento.

Se trataba de abrirle espacio a Alexis Argüello y Denis Martínez, los Súper nicas. No había lugar para alguien más en esa primera selección, pero como dice el corrido mejicano, pistola en mano se volcaron un montón sobre las puertas del Salón, y las abrieron.

Hoy, atletas que fueron capaces de convertir en vapor el calor de la combustión produciendo energía, que iluminaron nuestro deporte con su electricidad, que soñaron viajar por el espacio y caminar sobre la luna si las condiciones hubieran sido mejores, entran a un Salón ampliado en el Estadio Nacional.

ELLOS EN FRASE

Julio Medina, un arquitecto como Fidias que derrochó creatividad alrededor del segundo costal fabricando jugadas de fantasía y casi siempre consiguió un crecimiento espectacular frente a las exigencias de diferentes momentos.

Gustavo Herrera, con el alma de Espartaco, o Máximo, peleador de estilo definido, como trazado por Rubens, más un corazón valiente.

Jorge Cayasso, algo formidable que vio la vieja raza, una especie de bateador puro según los que lo vieron y disfrutaron, y dueño de una gran versatilidad.

Heberto Portobanco, improvisador audaz, dueño de una exuberante fe en sí mismo, astuto, hábil, estudioso, nacido para ser manager.

William Aguirre, un mensajero incansable entre Antenas y Esparta que se desvió hacia Diriamba, y luego anduvo, anduvo, anduvo, y vio la luz del día, y se convirtió en el mejor fondista nica de todos los tiempos.

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