Edgard Rodríguez C.
Vicente Padilla es el mismo. Joven, fuerte, silencioso.
Que su bola rápida sea capaz de alcanzar velocidades próximas a las 100 millas por hora, ya lo sabíamos. También que su sinker es brusco al caer y su slider suave al deslizar.
De igual forma hemos estado claros que prefiere estar a distancia de la prensa, mientras deja que su brazo y sus actuaciones hablen por él. Así que es básicamente el mismo.
Lo distinto es su actitud.
“No he visto a otro jugador tan enfocado durante estos entrenamientos como a Padilla”, ha dicho el manager Larry Bowa, quien lo había criticado sin titubeos en el pasado.
Tampoco se ha visto a otro que rinda tanto como el nica, cuyo récord de 2-0 y 1.89, con 14 ponches, 14 hits y 4 bases en 19 innings, ha sido verdaderamente espectacular.
Tal desempeño indica que Vicente no llegó en cero a los entrenamientos y ha centrado su esfuerzo en alcanzar el ritmo y ajustar detalles para la próxima temporada.
Pero quizá lo esencial, es que Padilla parece haber entrado en etapa de madurez y más que una recta de 96 millas, ese podría ser el lanzamiento que lo saque a flote.
“Ha hecho un gran trabajo y ha tenido una gran actitud. Está poniendo más atención a lo que está haciendo. Ha lucido bien en todos los aspectos”, resumió el mentor Bowa.
Uno de los despachos de AP, publicado en la edición electrónica de The Sporting News, escudriña en detalles que pudieron haber sido decisivos en el cambio de Vicente.
“En octubre pasado Padilla sufrió un accidente en el que murió el conductor del carro, que era de paso su mejor amigo. Eso quizá cambió su perspectiva de la vida”, dice AP.
También podría existir la motivación de probar a los Filis que merecía una extensión por varios años en su contrato, en vez de uno y por 2.6 millones de dólares, como pasó.
Sea cual sea la causa, lo cierto es que hay una transformación en Padilla y no hay duda que estamos a punto de ver al mejor Padilla que su talento y esfuerzo pueden mostrar.