Martín Matus
Con gran asombro he leído que un nicaragüense (hijo de un cantautor antiimperialista) desertó del Ejército de EE.UU. Sólo recuerdo estas frases del himno que su padre escribió: “… luchamos contra el yanqui, enemigo de la humanidad”.
El joven se enlistó en el Ejército por voluntad propia, no fue reclutado a la fuerza, como lo hacía el ejército al que su padre tanto le cantaba en la década de los ochenta.
Cuando uno está en el ejército, y más como voluntario, debe obedecer las órdenes de sus superiores, el Presidente de Estados Unidos en este caso. Al joven no le funcionó que iba a ir a la universidad sin estar en una guerra, por ende, optó a lo más cobarde: desertar.
Me gustaría que este joven le preguntara a su papá qué le sucedía a un pobre muchacho en la década de los ochenta, que se negaba a prestar el servicio militar, sólo por decir “el Ejército de Nicaragua es politizado y es de intereses personales: los Ortega”.
Es una pena y una gran vergüenza para los militares nicaragüenses, especialmente los que han recibido muchos honores por servir en el ejército más profesional del mundo, y sobre todo, para la comunidad nicaragüense en el exilio, especialmente la de Miami.
Nicaragüense residente en Miami