Eduardo Marenco Tercero y Luis Felipe Palacios
— Aló, con don Byron por favor.
— Llame más tarde que ahorita está dormido.
Así contestó una mujer en el palacete de Byron Jerez en Pochomil, ayer domingo por la mañana. Por la tarde dijo que se le dejara razón y que no sabía a qué hora volvía.
En la playa, los vecinos también afirman que lo han visto muy orondo conduciendo su cuadraciclo, vieja pasión suya desde los tiempones en que estaba en el poder.
Jerez ha enfrentado varios juicios por cargos de corrupción. En uno de ellos, está condenado a ocho años de prisión por el delito de fraude al Estado por emitir 65 checazos, perjudicando al erario en siete millones de córdobas.
La sentencia le fue leída el 17 de junio del 2003. Ahora está bajo arresto domiciliario debido a las dolencias de su banda gástrica, lo que le sirvió para que la justicia se compadeciera de él.
El 22 de octubre del 2003, tres magistrados del Tribunal de Apelaciones decidieron enviarlo a su casa, bajo la figura de fianza personal, debido a las dolencias de su banda gástrica, que de lujo estético devino en coartada perfecta para evadir la cárcel.
El 25 de noviembre, un mes y tres días después, el juez Edgar Altamirano le permitió movilizarse bajo custodia en el perímetro de Managua, por lo que puede tener dulces sueños en su palacete de Pochomil.
JUEZ NO SABE
El juez Altamirano dijo ayer desconocer dónde se encuentra el reo. Cuando se le explicó que estaba en Pochomil, alegó: “Entiendo que eso es jurisdicción de Managua”. Y agregó que la custodia es responsabilidad del Sistema Penitenciario.
Jerez, según otras fuentes, tiene autorización para movilizarse en el territorio nacional, bajo custodia del Sistema Penitenciario, y debe presentarse entre las 7:00 y 8:00 de la mañana ante el juez Altamirano, todos los lunes.
El juez Altamirano no respondió nuevas llamadas de LA PRENSA para confirmar esta información.
LA VIDA MáS SABROSA
Este fin de semana un equipo de LA PRENSA visitó la casa veraniega, cuya terraza fue construida con fondos destinados a favorecer a los damnificados del huracán Mitch (1998), y se constató que en su interior se encuentran al menos tres cuadraciclos, una camioneta blanca doble cabina y dos vehículos livianos, uno de color azul marca Yaris, y un Toyota gris.
Pero Jerez no llega a la mansión en ninguno de esos vehículos, porque según los vecinos de Pochomil, el ex hombre fuerte de la administración de Arnoldo Alemán, viaja a bordo de una “camionetona” café, escoltada por dos “coronelas”, una verde y otra rojo quemado, las que suelen llegar al palacete después de las 5:00 p.m.
Preguntamos por Jerez y un guardia de seguridad de la casa, luego de identificarnos, dijo que Jerez no estaba pero sí sus amigos.
NI JUSTICIA NI VIGILANCIA
Desde el mar, la mansión se ve esplendorosa con su piscina en forma de pez. La casona de Jerez está inscrita a nombre de su esposa Ethel González de Jerez, y fue intervenida judicialmente.
La propiedad, a pesar de que fue intervenida por el Estado, quedó en depósito de Ena Jerez, su hermana, por ser ésta la única familiar que se presentó a recibir la orden judicial. Ella no puede vender nada de la mansión, que se supondría debería tener vigilancia policial.
DOS AÑOS DE JUICIOS
La “dolce vita” de Byron Jerez parecía haber acabado la tarde del lunes 22 de abril del 2002, cuando la Policía lo detuvo justo cuando salía de sus oficinas en Altagracia.
Pero a pesar de dos años de acusaciones judiciales, la banda gástrica lo ha salvado de la cárcel.
El primer auto de prisión contra Jerez fue por el caso de los camionetazos. La juez Juana Méndez lo encontró culpable el 4 de mayo del 2002 por el delito de fraude, malversación de caudales públicos, peculado y asociación para delinquir, con un perjuicio al Estado en el orden de los 12.7 millones de córdobas.
El 13 de noviembre del 2002, Byron Jerez fue sentenciado a prisión —en otro juicio— por un fraude al Estado, mayor a los cuatro millones de dólares, fraude llevado a cabo bajo el modus operandi de los checazos. La sentencia fue dictada por la juez Octavo de Distrito del Crimen, Rafaela Urroz.
El 7 de diciembre del 2003, la juez Juana Méndez, en la misma sentencia que condenó a Arnoldo Alemán a veinte años por lavado de dinero y fraude al Estado, de manera sorpresiva lo declaró inocente por el caso de la “huaca”, luego que confirmara las operaciones que condujeron al millonario fraude al Estado.