Karla Marenco
El ambiente de seguridad que había respirado en los últimos cinco meses en Madrid, se acabó. La matanza perpetrada contra casi 200 personas, en su mayoría trabajadores y estudiantes y otras miles de personas que resultaron heridas, ha dejado una estela de indignación, coraje e impotencia en los madrileños, que ahora piden a gritos justicia y castigo para los asesinos y un rotundo no al terrorismo.
El ambiente que respiro es de luto, de estrés y de miedo en la capital. A las 12 de la mañana del viernes 12, los 15 minutos de silencio por las víctimas paralizaron todo tipo de actividades y aunque la vida continúa, puede verse cómo la población madrileña y los inmigrantes de todos lados caminaban en silencio por las calles en señal de luto.
Creo que ese temor que siento de pensar que en el metro en el que me transporto hacia la Universidad o a cualquier parte, puede estar alojada una bomba, es el mismo temor que veo en los rostros de centenares de personas que a diario utilizan este medio de transporte que hasta hace unos días era seguro y bastante confortable. Pero la vida tiene que continuar, eso no lo podemos cambiar.
No podemos callar ante estos acontecimientos. El terrorismo no puede ser justificado por ninguna razón. Todos debemos luchar y expresar nuestro más firme reproche contra estos crímenes de lesa humanidad. Ya le tocó a los norteamericanos, ahora les toca a los españoles, y mañana: ¿a quién le tocará? No hay razones políticas, culturales, sociales ni de ningún tipo para matar a personas inocentes que lo único que deseamos es la paz y la tranquilidad.
Soy una nicaragüense que está viviendo de cerca el luto que ahora embarga a los españoles y me uno a ese sentimiento de dolor y de angustia que ahora sentimos todos, pero también me uno a ese deseo de no perder las esperanzas de que se hará justicia por esas decenas de personas asesinadas y a sus familiares.