- Julián Budía estalló en llanto al recordar que ayudó a las víctimas en medio de sangre, carne humana destrozada y amasijos metálicos calcinados
Freddy Potoy Rosales
MADRID, ESPAÑA.- “Encontré piernas mutiladas, carne destrozada y con las demás personas empezamos a sacar gente. Los vagones estaban llenos de humo, hirviendo y con montones de cadáveres. Tenía miedo de quedarme con un brazo o una pierna al sacarlos”, dijo Julián Budía en los estudios de Antena 3, quien en los primeros momentos de su relato, ayer, contenía con mucho esfuerzo sus deseos de llorar.
Budía se acercó minutos después de escuchar una de las primeras explosiones en el centro de Madrid y junto a otras personas rompió las vallas metálicas del tren siniestrado.
“Uno pisaba la carne (humana) sacando a las víctimas. Es difícil de poder explicarlo. Oía decir a la gente: Quiero ver a mis hijos, me muero, quiero ver a mis hijos. Miraba a la gente con hierro atravesado”, recordó Budía.
Budía no pensaba la mañana del jueves en que otros artefactos explosivos podían estallar y terminar con su vida, pues dijo que lo único que le interesaba era rescatar a las víctimas. “Cómo voy a dejar que una persona se muera si ves que te pide ayuda y la estás viendo?”, se preguntaba Budía.
“Había personas que tenían las tapas de los sesos levantadas, no deseo a nadie que vea eso”. Detrás de esta última frase Budía se soltó en llanto y no pudo contener más sus emociones al relatar semejante cuadro dantesco en el corazón de Madrid.
TEMOR Y SILENCIO EN EL METRO Y TRENES DE CERCANÍAS
Madrid amaneció ayer viernes con una ligera llovizna, mientras la gente continuaba la vida, pero ahora en silencio, con el temor reflejado en sus rostros cuando uno iba al metro o al tren de cercanía.
En los trenes, la gente guardaba profundo silencio, leía los periódicos de pie o sentados, se buscaban unos a otros como verificando si la misma persona que se subía al metro o tren de cercanía todos los días en una estación determinada, iba o no ayer en ese vagón. Si no lo miraba, pues la incertidumbre lo carcomía.
Los que iban sentados leyendo los periódicos, a momentos encogían los hombros lentamente y dirigían sus miradas hacia el techo del tren de ayer, luego volvían la vista al frente y suspiraban profundamente. Los españoles son víctimas del temor y están viviendo una crisis emocional impresionante.
Una señora madrileña perdió a su marido, su hijo y dos nietos en las explosiones. Ella no soportó conocer estos datos, se descompensó y fue trasladada a un hospital para ser atendida por especialistas.
Centenares de personas vivían ayer crisis emocionales en los distintos hospitales de la capital española. El momento más duro para los familiares de heridos y muertos era cuando por los parlantes de los hospitales mencionaban con nombres y apellidos a cualquiera de las víctimas.
CONMOCIÓN TOTAL
Los madrileños se han desbocado a poner velas y ofrendas florales tanto en los lugares cercanos a los desastres, como en otros puntos de la capital. En el interior de España, la población también está conmocionada y rezando por las víctimas del 11 de marzo (11-M).
Entre las víctimas hay inmigrantes latinoamericanos, pero aún no se sabe con certeza en algunos casos, a quién corresponden los nombres de los cuerpos. Según dicen autoridades médicas, hay cuerpos que no han sido reconocidos y presumen que sean de algunos inmigrantes cuyos familiares no quieren presentarse por temor a ser deportados, sin embargo, el Gobierno del presidente José María Aznar prometió legalizar a los familiares de las víctimas inmigrantes.
Ayer, a las 12 del mediodía hubo un paro que duró 15 minutos como muestra de repudio al atentado terrorista, que ha enlutado a España.
Los españoles portan un lazo negro a un lado de su pecho en señal de luto y dolor. Las televisoras, algunos medios escritos y otras instituciones también tienen ese símbolo que denota la pérdida de seres queridos.