Francisco Jarquín S.
La vida del futbolista está en la cancha. Más si se trata de uno que pertenece a un equipo con el nivel de nuestra Selección Nacional, que necesita del día a día para sacar el máximo provecho a la preparación.
Todos estamos claros que para mejorar las posibilidades de pasar a la siguiente fase de las eliminatorias mundialistas de Alemania 2006 se necesita un buen trabajo previo. Y eso sólo se logrará si se entrena con persistencia en el sistema que se pretende ejecutar ante San Vicente y Granadinas, y se pone a prueba en los partidos amistosos. Nada más factible para nuestro crecimiento que jugar con equipos superiores.
Pero La Azul y Blanco, ni está entrenando y no lo hará en las dos semanas siguientes debido a que los jugadores están en sus respectivos equipos, enfocados en concluir los cuartos de final y probablemente la semifinal del Torneo Clausura, y tampoco se tiene certeza de un solo juego de fogueo.
Ni siquiera con Honduras se ha podido concretar, teniéndolo tan cerca de nuestras fronteras. Porque lógicamente, y lo debemos ver como parte de nuestra realidad, los clubes quieren enfrentarse a gente de mayor nivel.
Imagínense lo que le pasa a El Salvador que todavía a mediados de febrero estaba igual que nosotros, con muchos “candidatos” y sin nada seguro para jugar.
El problema es que por las razones que sean, Nicaragua no parece conseguir partidos amistosos ni para marzo, tampoco para abril, al menos por ahora. Y para en mayo se espera que Cuba sea la alternativa, siempre que se logre aprovechar su viaje para los primeros días de ese mes a Centroamérica.
Otro inconveniente es que en junio serán los partidos contra los sanvicentinos y un letargo como éste podría quitarnos el chance de clasificar, antes que se escuche el pitazo inicial.