“Estamos desperdiciando este país”

Su infancia transcurrió entre los blancos algodonales de Occidente, la otra parte de su vida en Carazo, donde radica actualmente para dirigir las actividades de investigacióny transferencia de tecnología, donde ha tenido que enfrentar muchos cambios en el quehacer de la institución donde labora María Antonia López M. Durante las giras de campo organizadas por […]

  • Su infancia transcurrió entre los blancos algodonales de Occidente, la otra parte de su vida en Carazo, donde radica actualmente para dirigir las actividades de investigacióny transferencia de tecnología, donde ha tenido que enfrentar muchos cambios en el quehacer de la institución donde labora

María Antonia López M.

Durante las giras de campo organizadas por el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropeuaria (INTA), a Lilliam Osejo se le nota un ir y venir, dirigiendo a su equipo, lo que refleja a una mujer con mucha energía, que además le gusta garantizar que todo se lleve con mucho control.

No es para menos, se trata de una de las pocas jefas que existen en la esfera gubernamental. Lilliam Osejo Sacasa es la directora técnica de la región Pacífico sur del INTA, que abarca los departamentos de Masaya, Carazo, Granada y Rivas.

Acostumbrada al trabajo desde pequeña. Nació cuando abundaban los algodonales en el Occidente del país, donde su padre los enviaba a la finca a trabajar junto a sus tres hermanas y un hermano.

Las labores allí desempeñadas no estaban estrictamente ligadas al corte de la mota blanca, sino al control en pesaje, paga de planilla, y de allí se fueron formando sus aptitudes para ahora saber dirigir el trabajo asignado en la institución.

Aunque su vinculación con la agricultura no era precisamente el destino que sus padres habían preparado para ella. Por una tradición familiar, la indujeron a estudiar medicina. Situación que solamente soportó un año. Su opción era otra, convertirse en ingeniera agronómica y así fue que ingresó a la Universidad Nacional Agraria (UNA).

¿Cómo es que llega a tener opción

por la agricultura viniendo

de una familia de médicos?

—Lo que pasa es que mi familia está dividida. Mi papá ha sido un agricultor nato. Sembraba el algodón y en vacaciones nos llevaba a trabajar a la finca. Ese tipo de educación nos va llegando y opté por la ingeniería agronómica. A mí fue a la que me gustó más el campo y ahora soy quien soy.

Al salir de la universidad trabajé un año como voluntaria en un proyecto de transferencia de tecnología que tenía la FAO. Lo que quería era tomar experiencia para introducirme en mi carrera. Cuando terminé, el asesor, que era un uruguayo, me recomendó con Roberto Rondón, en ese momento ministro de Agricultura y me dieron la oportunidad de ingresar.

Tiempo después inició un proyecto de Cosude (cooperación suiza), relacionado con el almacenamiento y manejo de granos en el país y estuve unos siete años, pasando a ser contraparte cuando fue creado el INTA en junio de 1993.

Allí me vine desarrollando y ahora tengo 11 años de estar trabajando para el INTA.

Pero siempre dentro de los planes de profesionalizarme, realicé un postgrado en Extensión y Desarrollo en España en 1996, también quería realizar una maestría en hortalizas, por una sencilla razón, todavía no tenía el título.

Salí de la universidad y fui olvidando los datos, y no se debe hacer eso. Me obligué a ponerme como meta sacar mi tesis. Y en el año 2000 estando siempre en el INTA me dan la responsabilidad del área de Mercadeo.

Yo no tenía mucho conocimiento más que los prácticos e hice el esfuerzo de sacar un postgrado en gerencia de Mercadeo y Publicidad. Eso me ha ayudado bastante en toda la formación profesional para el trabajo de los pequeños y medianos productores del país.

Finalmente, el año pasado saqué una maestría en el INCAE sobre administración de empresas, porque el perfil de mi cargo en el INTA me lo exige.

A veces la visión que tenemos es que debemos ver meramente la parte técnica, pero cuando ya se es responsable de un equipo de trabajo, de la parte financiera, hay que mezclarlo con la administración, para eso hay que tener herramientas para gestionar recursos financieros que son vitales para que camine la parte técnica.

¿Ahí es cuando la ubican en Carazo?

—No. Estoy en Carazo desde el año 2000. Soy directora del Pacífico Sur que comprende cinco departamentos de Managua hasta Rivas. Es un personal bastante grande, una región bastante rica. He venido teniendo mucha experiencia. Creo que uno la gana en el campo, con la gente que está allí porque uno conoce las realidades.

Muchas veces los profesionales nos equivocamos y creemos que a nivel de estar escribiendo proyectos con análisis económicos que dejen beneficios económicos, creemos que es lo mejor para el desarrollo del país y los productores y se obvian las necesidades propias de ellos. Es una de mis mejores escuelas en estos cuatro años de estar gerenciando esa región.

¿No ha sentido la necesidad de trasladarse hacia Somotillo, pues allí fue donde nació y que es además una zona de duras condiciones productivas?

—Claro, me encantaría ayudar a mi pueblo. Hemos hecho el esfuerzo con algunos profesionales salidos de ese pueblo de formar una asociación y canalizar algunos proyectos para ayudar al alcalde, a la gente misma, pero se nos ha hecho un tanto difícil. Somotillo es un municipio que forma parte del Pacífico norte del INTA y la verdad es que estoy dispuesta a trabajar donde lo exija el Gobierno y los productores. Si algo debemos tener los nicaragüenses es pensar siempre en el país.

A partir de esa experiencia en la región atendida, ¿qué lecciones en cuanto a desarrollo productivo puede sacar?

—Una de las lecciones grandes que he aprendido es que la base económica productiva de este país no se puede desarrollar por sí sola. Principalmente en la base de productores que atiende el INTA, que está dirigido a pequeños y medianos. Lo que he visto es que a la gente hay que organizarla. Es un punto de partida importante, más ahora con la globalización de los mercados. La firma del Tratado de Libre Comercio que Nicaragua tiene con Estados Unidos y si no hay una buena organización; una buena planificación en la producción no vamos a hacer nada.

Otro punto importante, que he aprendido, es que si no arriesgamos a buscar mercados; a crecer, siempre vamos a ser los mismos países subdesarrollados, siempre vamos a estar detrás de los que tienen un Producto Interno Bruto que aporta grandemente a la economía. Nicaragua depende económicamente del sector agropecuario y estamos desperdiciando este país.

A la par hay que darle empuje a la información de precios y mercados. Convencer a los productores de cambiar la cultura de siembra tradicional de los mismos productos, granos básicos, no son suficientes. El mundo está evolucionando.

¿Cuáles son las principales

funciones del INTA?

—El INTA tiene como principal labor, generar, investigar y transferir tecnología o dar asistencia técnica a los productores. El recurso humano que está en el INTA es muy importante. Muchas veces nosotros mismos nos ponemos como barrera el cambio de actitud a cambiar el tipo de cultivos, porque ya se tienen los resultados, aunque el mercado esté demandando otra cosa. Pero si nosotros mismos como profesionales no rompemos esa actitud, difícilmente con los productores que atendemos, es difícil hacerlo cambiar.

La otra parte difícil es cuando nos quieren controlar. Muchos funcionarios no estamos acostumbrados a eso, sobre todo cuando ya sabemos que de todas maneras vamos a recibir un salario. Pero si se quiere tener éxito en la gestión como resultado de un trabajo productivo y se tengan resultados efectivos en el campo, debe partirse de que el recurso humano se comprometa con interés a trabajar.

Aunque también tienen que jugar con la credibilidad. Hay muchos cuestionamientos de los productores que afirman que fueron mal orientados sobre algún cultivo determinado. Y como la orientación les llegó desde un funcionario de Gobierno, es más difícil revertir la percepción. ¿Cómo han ido superando eso?

Nosotros decimos que en el INTA deben estar los mejores técnicos, acompañado eso de un proceso de capacitación constante. Tenemos dos o tres días al mes de capacitación para los extensionistas y a los investigadores, ya sean dentro o fuera del país.

También tenemos que ver el manejo financiero de los recursos de manera transparente. Les estamos enseñando eso constantemente además de informar sobre su trabajo en el tiempo necesario y que el productor sea acompañado en su finca para que ellos sean partícipes de los resultados de determinada investigación. Estamos tratando de ver cómo hacer volver esa credibilidad mediante la participación del productor.

Parece que eso les ha obligado a cambiar las metodologías. Porque ahora se habla de un intercambio donde los técnicos aprenden de los productores y viceversa…

—Estamos revisando constantemente la metodología de trabajo. Un día nos dimos cuenta que los técnicos nos mentían, porque cuando se hizo un proyecto con el Banco Mundial se decidió que cada uno debía atender 150 productores y cuando vamos a la realidad en el campo reportaban esa atención por temor pero era un invento. Cuando comprobamos que no había tal capacidad de atención, el seguimiento continuo y la revisión, nos dimos cuenta que no podían hacerlo. Nuestra capacidad de atención es de ochenta productores por técnico. Esa es una lección aprendida y actualmente estamos en ese rango. Es por eso que también tomamos en cuenta la metodología de trabajo de los productores.

DE OCCIDENTE A LA CAPITAL

Nacida en Somotillo, Chinandega.

Realizó estudios de ingeniería agronómica.

Trabajó como voluntaria en un proyecto de FAO sobre transferencia de tecnología.

También trabajó en las oficinas centrales del Ministerio Agropecuario y Forestal.

Fue trasladada al INTA bajo

la creación de esa institución.

Ocupando espacios

La agronomía ha estado ligada a la actividad masculina por muchos años. Probablemente ligado este hecho a que las labores se desarrollan en el campo, donde generalmente quienes practican la agricultura son varones.

Sin embargo, para Lilliam Osejo, eso no fue un impedimento, y aunque desde su puesto regional ha tenido que enfrentar algunas diferencias de género, ha sabido manejar la situación por varios años.

Destacó que en la región Pacífico sur del INTA, es donde hay más presencia de mujeres funcionarias existe, dentro de las cuales hay cuatro con cargos de dirección y unas siete que se desempeñan como extensionistas.

“Es un tanto difícil, porque la ingeniería agronómica está casi asignada para los hombres, pero se pueden mencionar muchos ejemplos donde se han desempeñado las mujeres”.

Agregó que la mujer suele ser mejor jefa, por tener un carácter más firme para tomar decisiones o manejar personal. Por lo tanto, puede estar en cualquier esfera profesional destacándose.

En el caso de Osejo, cuando llegó al INTA como responsable “sentí una reacción negativa en contra mía alegando el porqué una mujer y no un hombre, inclusive ellos tenían un candidato, y en estos cuatro años de trabajo no todo ha sido color de rosa y sería mentirosa decir que no ha habido problemas, pero me he ganado la confianza”.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí