Róger García M.
A propósito de lo que escribió Luis Sánchez Sancho en su columna (Asesinos) del viernes 5 de febrero, quiero señalar que, curiosamente, las hordas mahometanas mantuvieron el asalto a Occidente por los ocho primeros siglos de su historia, lucha que fue un empate hasta que, irónicamente, las hordas mongolas, en su afán por saquear los tesoros caucásicos debilitaron más a ellos que a Occidente, provocando su final colapso en el siglo XV.
Desafortunadamente, a diferencia de los reinos europeos los imperios inca y azteca colapsaron primero que las tribus nativas, que de mostraron ser más asertivas, combativas y amantes de su libertad que los imperios. De allí que con la ayuda de la biotecnia —las plagas asiáticas traídas por los europeos—, nuestros ancestros nativos de este lado del Atlántico su cumbieron al asalto.
Hoy, nuestra tierra es disputada, desgraciadamente, por caucásicos —aún en control pero no por largo tiempo—, mogólicos —que serán, al final, los ganadores— y negros que permanecerán en la esclavitud a como pronóstico su líder Martin Luther King, quien soñó con el día en que: “la gente sería juzgada por el contenido de su carácter y no por el color de su piel”.
Pero, ¿qué carácter tendría la raza que prefirió la cómoda esclavitud a la muerte en libertad?