Decenas de niños se aglomeraron ayer en la casa de Erling, para darle la despedida.

Siuneños reciben a Erling como héroe

Con el dinero recaudado, Rosendo Álvarez ayudará a la familia para que mejoren su vida Wilder Pérez R. Erling Cubas regresó ayer a su “Cielo”: Las Brisas, Siuna. Así llamaba él a su comunidad, donde era feliz saltando entre campos verdes y árboles frondosos, respirando aire puro, bañándose en la lluvia o en una poza, […]

  • Con el dinero recaudado, Rosendo Álvarez ayudará a la
    familia para que mejoren su vida

Wilder Pérez R.

Erling Cubas regresó ayer a su “Cielo”: Las Brisas, Siuna. Así llamaba él a su comunidad, donde era feliz saltando entre campos verdes y árboles frondosos, respirando aire puro, bañándose en la lluvia o en una poza, jugando beisbol o futbol, asistiendo a la escuela y diciendo cosas que sólo los adultos entendían.

Su ataúd, que llegó la tarde de ayer escoltado por militares del Ejército de Nicaragua, era lo más lujoso que había en su casa. Como no había donde colorarlo, lo apostaron sobre dos baldes que normalmente ocupan para almacenar la leche ordeñada. Por la noche lo velaron a la luz de candiles.

El papá adoptivo de Erling, Adonis Molina, dijo que cada vez que el niño regresaba de Managua, decía que se sentía como en el Cielo, porque estaba en su tierra y encontraba a sus amigos.

Ese “Cielo” está ubicado a más de 300 kilómetros de Managua, en la Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN). Es una vivienda con piso de tierra, construida con madera de ojoche y sólo tiene un adorno en la pared del fondo: un retrato autografiado de Rosendo Álvarez, el campeón mundial de boxeo al que Erling conoció justo siete semanas antes de fallecer, y quien luchó por salvarle la vida aún sabiendo que era imposible, dado lo avanzado de sus tumores cancerígenos.

BATALLÓ HASTA EL FINAL

El cadáver del niño de 11 años de edad fue recibido como el de un héroe que pereció en plena batalla. Erling tenía un año de luchar contra su enfermedad y esperaba salvarse con la ayuda de Rosendo, pero no pudo.

Viendo su foto desde fuera de la diminuta casa del jovencito, ya casi cuando caía el sol, Álvarez se declaró impresionado ante LA PRENSA. “Me dolió mucho ver las dificultades en que viven, pero Erling era más feliz aquí que allá (en Managua), con sus plantas, sus árboles y la gente humilde”, dijo el boxeador que vestía pantalón crema, camisa celeste de mangas largas y zapatos negros formales, que terminaron pringados de lodo.

En el “Cielo” de Erling sus amiguitos y vecinos estaban impresionados. El niño más vivaracho no estaba más de pie, pero aún así, había hecho que un helicóptero y un vehículo del Ejército llegaran hasta su casa.

Debido a la escasa presencia de los medios nacionales de comunicación, y a su extrema pobreza, no imaginaron lo que el niño había hecho en la capital.

LO RECAUDADO

Desde Managua y junto a Rosendo, Erling hizo que los nicaragüenses apostaran alto a favor de un milagro divino que lo salvara, al punto que una muerte obvia, al final resultó sorpresiva.

El club de amigos, creado para recaudar fondos y atenderlo fuera del país, logró juntar casi ocho mil dólares en poco más de un mes, pidiendo en las calles y estadios de beisbol.

“Con ese dinero vamos a mejorar la forma de vida de la familia de Erling”, expresó Álvarez. Además, los planes son ayudar a la Comisión Nicaragüense de Ayuda al Niño con Cáncer (Conanca), y tener un capital inicial para la nueva Fundación Erling Cubas: Campeón de la Fe, que ayudará a pequeñuelos con los mismos problemas que el ahijado del boxeador.

Entre sus limitaciones, Erling dejó una bicicleta y una patineta que había pedido a Rosendo en sus últimos días de vida. Al menos la bicicleta la disfrutó una semana. Los “vehículos” los hereda su hermanito de tres años, Elián, quien aún creía que “Chiquillo”, como le decía, podría levantarse de la caja donde “dormía”.

MONUMENTO

Erling Cubas será enterrado en una bóveda fastuosa a un kilómetro de su casa, en tierras de su abuelo paterno, a la orilla de la carretera. “Quiero que sea así para poder verlo yo, pero también para que lo vea todo el que quiera y recordar la fe que él tenía en Dios”, dijo su mamá Ana Gutiérrez.

¡ROSENDOOOOO!

Rosendo Álvarez no sabía que era tan famoso en Siuna como en Las Vegas. Al acompañar el féretro de Erling Cubas, no hubo quien no lo saludara, incluso una niña en medio de una trocha, que, colgando de un árbol de guayabo, le gritó “¡Oye Rosendoooo!”; y salió corriendo feliz hacia sus familiares.

También los jugadores de la selección local de beisbol, que se alistan para la Serie del Atlántico, detuvieron sus entrenamientos para verlo pasar; y los curiosos hasta salieron del campo de juego.

“Cuando pelea Rosendo siempre nos vamos a ver la tele a Suina, porque no tenemos luz”, dijo Adonis Molina, el padre adoptivo de Erling.

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Hablatón recaudó para la Fundación Cubas y Conanca

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