Una señal de que su cuerpo no está desechando las toxinas adecuadamente puede ser desde un dolor de cabeza, hasta algo más grave.
Si no se eliminan de forma regular, las toxinas pasan al torrente sanguíneo llegando a todo el cuerpo, se acumulan en el organismo, atacan, inflaman e irritan los tejidos y órganos, y comienzan a eliminarse por otros canales distintos de los habituales (las heces y la orina), como la piel y los cabellos.
Las consecuencias abarcan desde dolor de cabeza, malestar general y desórdenes nerviosos, hasta envejecimiento dérmico y capilar, hinchazón corporal y cansancio, pasando por males degenerativos como el cáncer, cuando las células han estado sometidas a la agresión de las toxinas durante mucho tiempo.
Para desintoxicarte, además de respirar aire puro para limpiar los pulmones, beber abundante líquido para hidratarse, y hacer ejercicio para estimular la eliminación de los residuos, es fundamental mantener una alimentación depurativa.
Esta alimentación debe ayudar a estimular todos los órganos y funciones implicadas en la depuración como son: el sistema linfático, el hígado, la vesícula biliar, los riñones, los intestinos y las glándulas sudoríparas.
Una alimentación desintoxicante tiene que estar enriquecida en compuestos antioxidantes, como las vitaminas, minerales y otros nutrientes que contribuyan a neutralizar los radicales libres.
Para mantener el organismo siempre limpio, eliminando o reduciendo al mínimo la presencia de toxinas, se deben incluir regularmente en la dieta, al menos uno en cada comida, una serie de “alimento-escoba”, que barren las impurezas del cuerpo.