- El tumor que deformaba el rostro de la niña, que pedía dinero en los semáforos, fue extirpado ayer por la mañana en una operación que duró menos de una hora
Luis Alemán Saballos [email protected]
Verónica Rivera Chavarría ya no tiene el tumor que le deformaba su rostro, una cirugía practicada por un grupo de cirujanos en el Hospital Roberto Calderón, logró extirparlo y su carita ya no tendrá esa pelota en su rostro, que movía a la burla a algunos, y para otros estimulaba la compasión y la solidaridad.
Rivera Chavarría tiene 13 años y sufría una deformación de su cara, producto de un tumor que le creció en el maxilar izquierdo y había recurrido a los semáforos donde pedía dinero para poder mantener a su tierna hija.
Pero ella no sólo era víctima del mal que deformaba su rostro, sino también de la explotación económica a que era sometida por su compañero de vida, quien según funcionarios del Ministerio de la Familia, la obligaba a pedir dinero para luego quitárselo.
UNA OPERACIÓN RÁPIDA
El equipo médico encabezado por el cirujano maxilofacial, Edmundo Guerrero, requirió tan sólo de 60 minutos para separar de la cara de la niña, una pelota de seis centímetros de diámetro.
Y aunque no se atreve aún a determinar el tipo de tumor que afectaba a la niña, asegura que por las características encontradas durante la cirugía, se puede pensar que no es maligno.
Basado en su experiencia afirma que no hay porqué temer lo peor. “Ya todo terminó, ahora hay que esperar la evolución”, asegura.
“No encontramos ganglios, no hay extensión a órganos vitales como la base del cráneo. Hasta ahora no hay nada que nos indique que es maligno”, señala mostrando en sus manos una pelota cartilaginosa que en su crecimiento afectó el maxilar superior izquierdo de la niña.
Explicó que la lesión que tenía Verónica no era tan agresiva como lo esperaban, el mayor efecto fue precisamente el crecimiento del tumor que no sólo deformaba la carita de la niña, sino que amenazaba con comprometer la estructura que se encuentra en la base del cráneo.
Si el tumor no hubiera sido extirpado, su crecimiento hubiera destruido el ojo izquierdo, provocando lo que se conoce como un exoftalmo, es decir la salida del globo ocular de su lecho por el efecto compresivo del tumor al crecer.
Pero ahora ese peligro ya no existe. “El mayor peligro ahora es una infección, el pleito ahora es que no se infecte, que regenere el tejido”, explica Guerrero, para quien el cuido será muy importante.
Verónica perdió parte del maxilar superior izquierdo y varias piezas dentales que estaban afectadas por el tumor.
“Lo que quedará es una cavidad oral con otro hueco que con el tiempo será tapizado con mucosa”, es decir será recubierto nuevamente por tejidos, explica.
La operación para extirpar el tumor de Verónica inició a las 7:45 a.m. de ayer sábado y estaba finalizando a las 8:40 a.m.
Antes de la cirugía, Verónica declaró al equipo de LA PRENSA que estuvo presente durante la operación, que no le preocupaba la operación, sino su hija Rebeca de tan sólo tres meses de edad. “Perderla es mi mayor temor”, aseguró antes de ingresar al quirófano. “No quiero que mi niña se quede sola, no quiero perderla”, aseguró.
Fue precisamente por su hija Rebeca por quien preguntó poco después de bajar los efectos de la anestesia. Siete horas más tarde, ya estaba hablando y hasta recibiendo visitas.