El precio del éxito

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George Steinbrenner y su Maldito Imperio de Estrellas saben que ellos están ahí.

Los mismos que inventaron el acuerdo colectivo de 2002 —diseñado únicamente para tratar de mantener el monstruo de los Yanquis bajo control— están ya elucubrando nuevas ideas. Planificando. Y posiblemente conspirando en el marco del próximo acuerdo de trabajo. Cuyo objetivo será…

Detener a los Yanquis. ¿Qué otro podría ser?

El convenio colectivo de 2002 ya ha causado un impacto; en todos los equipos, excepto los Yanquis.

El acuerdo ha ayudado a equipos de clase media como los Serafines y los Marlins añadir piezas que los ayudaron a ganar una Serie Mundial. Ha inspirado a todas las franquicias de alto presupuesto, excepto Boston, a limitar gastos lo suficiente para mantenerse bajo el umbral del impuesto al lujo. Ha hecho ya por maravillas por el equilibrio competitivo en muchos casos.

De modo que cuando uno lo analiza, el convenio ha tenido sólo un defecto serio, al menos para la gente que lo ideó:

No impidió que los Yanquis añadieran a A-Rod. Y a Gary Sheffield. Y a Kevin Brown. Y a Javier Vásquez. Y cada relevista de 3 millones de dólares disponibles.

No impidió que los Yanquis elevaran su nómina hacia la cúspide de 200 millones de dólares. Y no evitará que un día superen los 200 millones de dólares, también, si eso es lo que hace falta para ganar.

Lo que este equipo hace en nombre del triunfo no es barato. Hay que entender eso. Una cosa puede decirse a favor del Maldito Imperio: paga sus cuentas.

Solamente el año pasado, los Yanquis aportaron casi 53 millones de dólares al fondo común de ganancias compartidas. Y depositaron otros 11 millones de dólares en la cuenta del impuesto al lujo de Bud Selig. Eso es más dinero gastado, sólo por el placer de ser rico, de lo que 14 equipos invirtieron en su nómina salarial.

Existe, de hecho, un momento en que no se oye a nadie quejarse de los Yanquis: “Nadie protesta cuando firmamos el cheque”, dice el presidente de la organización neoyorquina, Randy Levine.

Pero esos 64 millones de dólares parecerán dinero de propina comparado con lo que el Imperio tendrá que pagar durante los próximos años. Recuerde, el plan de ganancias compartidas estaba aplicado en apenas un 60 por ciento el año pasado. Este año asciende al 80 por ciento, y llega al 100 por ciento el próximo año.

Después de eso, además, vienen las cuentas fiscales. Los Yanquis ya tienen aproximadamente 159 millones de dólares en salarios comprometidos con 16 jugadores en 2005. Sin mencionar más de 100 millones de dólares para ocho jugadores en 2006. Y casi 80 millones de dólares para cinco en 2007.

De modo que ellos saben hoy que estarán pagando un alto impuesto al lujo durante los próximos años.

La gente en el beisbol que se queja de los Yanquis a menudo, pasa por alto un pequeño detalle: todo lo que ellos hacen resulta será bueno, legal. Ganan más dinero que los demás. Gastan más dinero que los demás. Este convenio los obliga a pagar más dinero para subvencionar a todos los demás.

“Nosotros no le decimos a nadie cómo manejar su negocio. Y creemos que nadie en este deporte puede decir que maneja su negocio mejor que los Yanquis. Los demás deberían preocuparse por sus propios problemas, y dejar de tratar de utilizarnos como chivo expiatorio”.

Pero obviamente, eso nunca pasará. Y los conspiradores ya están quemando sus células cerebrales, tratando de inventar un sistema de defensa anti-Steinbrenner.

No estamos seguros por dónde vendrá el próximo ataque de los invasores del Imperio. Pero puede apostar a que ya están tratando de pensar en algo. Probablemente algún esquema económico moderno que, finalmente, obligue al Imperio a apretar el freno.

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