Zacarías Chamorro
La elección del superintendente de bancos es de interés general e ilustra la falta de disciplina con que los diputados trabajan, la carencia de transparencia al decir uno de ellos que ya tienen un favorito, y la falta de honestidad al decir que con mayoría simple lo eligen y que ya el PLC tiene los votos, cuando la verdad es que sólo se puede elegir con mayoría calificada, según lo dice la Constitución.
Corremos el riesgo que el elegido sea el más leal a Alemán, una persona que ha sido señalada de estar involucrada en asuntos familiares nada limpios, con una carrera de enriquecimiento meteórico y que se expresa malísimo de sus semejantes. El otro candidato es una persona que manejó un banco que quebró y está ahora en disputa. Lo último que el país necesita es nombrar a este señor como juez y parte de si ese banco se le devuelve a sus amigos o no, y cómo.
Hay que presionar a los diputados a elegir al más idóneo, al que no tiene nexos con los grupos bancarios en Nicaragua, al más calificado técnicamente y sobre todo al que tiene una trayectoria de honestidad y transparencia de más de 20 años. Hay que exigir que se nombren personas capaces, dignas, preparadas, y sobre todo honestas para que el país vaya saliendo adelante. La posición de SIB es por cinco años y no debe tomarse a la ligera, después de los resultados funestos con los bancos quebrados.