Tomás Romero
A pesar de que estamos acostumbrados a los erráticos discursos de Daniel Ortega, en esta ocasión cabe la interrogante: ¿a qué “ricos” se refiere en su nueva dialéctica? Porque hay ricos y ricos, desde los ricos de espíritu que me imagino también son bienaventurados, pasando por aquellos ricos que han trabajado duro para contar un patrimonio sólido; los que aprovechándose de aquéllos que trabajan duro, explotándolos reunieron grandes beneficios; los que sin haber trabajado han heredado algún capital y plácidamente lo usufructúan; los que en algún golpe de suerte amasaron una fortuna; los que haciendo uso de técnicas modernas de administración y con espíritu emprendedor han reunido un capital; los que aprovecharon el servicio público para lucrarse impunemente y hacerse de mucho dinero; los que viven del tenebroso negocio de las drogas; los que se embarcaron en la aventura del lavado de dinero, no importa el origen del mismo; los que se indemnizaron con la cuchara grande a través de la piñata, etc.
Aunque para nuestro país el límite podría ser válido a partir del acceso a los tres tiempos de comida o un poco más riguroso, darse el lujo de poseer un vehículo y mantenerlo. Tal vez Ortega nos pueda iluminar al respecto y así saber a qué atenernos.