Jorge Eduardo Arellano
Un amigo, político e intelectual —con quien coincidí en un centro deconvenciones— interpretó el crimen de Carlos Guadamuz como la pasada de cuenta a un traidor, a quien eliminaron no sólo por lo que hablaba, sino por lo que sabía y amenazaba con denunciar.
Ante este aserto, considero inapropiadas las comparaciones que cándidos ciudadanos y periodistas hicieron del condenable hecho con el magnicidio del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.