Insurrectos haitianos muestran jubilosos los restos de un policía al que descuartizaron en Gonaives.

Guerra civil en Haití

Ian James/AP ST. MARC, HAITÍ.-Una insurrección popular armada que el Gobierno calificó de intento de golpe de Estado, se extendió ayer a casi una docena de pueblos del Norte y Oeste de Haití, amenazando con derrocar al presidente Jean-Bertrand Aristide. Por lo menos 41 personas murieron. Tras una serie de tiroteos, la Policía recuperó el […]

Ian James/AP

ST. MARC, HAITÍ.-Una insurrección popular armada que el Gobierno calificó de intento de golpe de Estado, se extendió ayer a casi una docena de pueblos del Norte y Oeste de Haití, amenazando con derrocar al presidente Jean-Bertrand Aristide. Por lo menos 41 personas murieron.

Tras una serie de tiroteos, la Policía recuperó el control de St. Marc, 70 km al Oeste de Puerto Príncipe. Por lo menos dos hombres fueron heridos y otro presuntamente muerto a tiros por partidarios de Aristide. Su cadáver quedó a la vera de un camino.

“No estaba con la oposición”, dijo un testigo. “Era una persona, nada más”.

El primer ministro Yivon Neptune fue el primer funcionario importante del Gobierno en llegar a la zona afectada, al visitar St. Marc y los restos de la comisaría incendiada. Neptune exhortó a los habitantes y rebeldes a restaurar la calma.

“La Policía Nacional por sí sola no puede restablecer el orden’’, dijo Neptune a The Associated Press. En la víspera, Neptune dijo por televisión que “la violencia está vinculada con un golpe de Estado’’.

Algunos habitantes escaparon del pueblo de Grand-Goave cargando unas pocas pertenencias sobre la cabeza el lunes por la mañana, un día después que los rebeldes expulsaron a la Policía y quemaron la Comisaría, según se vio en imágenes difundidas por Associated Press Televisión.

La Policía luchaba por recuperar el control del importante puerto de St. Marc, 70 kilómetros al oeste de Puerto Príncipe, en esporádicos enfrentamientos armados con los rebeldes. El domingo, centenares de residentes, aprovechando el caos, participaron en saqueos, robando televisores, colchones y sacos de harina de los contenedores del puerto.

Los insurgentes también incendiaron estaciones de Policía en los pueblos norteños de St. Raphael y Dondon, informaron las estaciones radiales.

Haití ha estado en crisis desde el 2000, cuando Aristide ganó unas elecciones legislativas cuya imparcialidad la oposición y la comunidad internacional pusieron en duda. Al no llegarse a un acuerdo con Aristide, se bloquearon millones de dólares de ayuda extranjera.

Pero la insurgencia refleja un punto decisivo de peligro en la prolongada crisis política que ha afectado a Haití. Una revuelta similar se produjo en 1985 en Gonaives y llevó al derrocamiento un año después del dictador Jean Claude Duvalier y el fin de 29 años de dictadura de esa familia.

“Nos encontramos en una situación de insurrección popular armada’’, dijo el político de la oposición y ex coronel del ejército Himler Rebu.

La violencia se había concentrado en el occidente del país, pero se ha propagado a otras ocho ciudades. La cifra de muertos proviene de testimonios de testigos, un funcionario de la Cruz Roja, líderes rebeldes y la radio.

Durante el fin de semana, los rebeldes capturaron la ciudad porteña de St. Marc, donde cientos de personas saquearon tiendas y embarcaciones.

Los insurgentes utilizaron troncos de árboles, vehículos y neumáticos en llamas para bloquear las vías de acceso a las ciudades.

El Frente de Resistencia de Gonaives solía ser un grupo de partidarios de Aristide, pero ahora está en contra de él. A ellos se han unido varios grupos descontentos por la pobreza y la crisis política del país.

La oposición se niega a participar en nuevas elecciones hasta que renuncie Aristide, mientras que el líder insiste en que gobernará hasta que concluya su mandato en el 2006.

Aristide fue elegido en las primeras elecciones democráticas del país en 1990, pero fue derrocado pocos meses después. En 1995 Estados Unidos invadió el país y lo reinstauró.

En uno de los peores enfrentamientos del fin de semana, 150 policías trataron de recuperar el sábado el control de Gonaives, pero abandonaron la zona horas después, dijo un testigo. Al menos nueve personas murieron, siete de ellas policías.

La multitud mutiló los cadáveres de tres oficiales, según periodistas de la AP.

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