Dr. Arturo Peña Rodríguez
Inconmovibles, indiferentes ante la pesadumbre humana porque no la padecen; trogloditas hartos de poder sumidos en el provecho, transgreden el designio confiado por el pueblo de regir su destino en el mandato de extirpar la miseria y postración.
La desesperanza y la apatía que inunda a los nicaragüenses por tanta corrupción, inoperancia e incapacidad de los líderes que gobiernan, forzados a huir muchos emigramos a otros pueblos con la insignia de la miseria por pasaporte, sin posibilidades del “welcome” con que recibe al turista del gran país del norte. Toda indigencia estorba aún cuando den el espacio en mutuo provecho, amparo por trabajo. Y aunque realicemos trabajos que soporten la economía, siempre estorbamos por ser foráneos cargados de pobreza.
En el nombre de Dios y para poner fin al sufrimiento del pueblo, deben dejar a un lado intereses privados y trabajar por proporcionarle los medios de sobrevivencia, regresarle la dignidad, el decoro perdido. No más humillación.
Es en nuestra tierra donde deberíamos encontrar las oportunidades de las que carecemos porque nos las han quitado, es en Nicaragua donde debemos crear el desarrollo, el bienestar de nuestros hijos, crecer en colectiva bonanza, y darle un sentido de nación a nuestra amada Nicaragua.