Rosario Hernández*
R. Biasca y otros, escriben con el nombre de: La posición competitiva, es el título de un capítulo de uno de sus libros que me ha impresionado la estrategia que da a los empresarios.
Biasca se indica que determinando el deterioro competitivo y su tendencia, se puede determinar cuánto se necesita cambiar, el tiempo disponible para cambiar, los recursos que se necesitan para hacerlo, los aspectos de contexto, estrategia y estructura que deberán tomarse en cuenta en las propuestas de cambio.
A simple vista cualquiera diría eso está “fácil” y otros expresarían “eso es difícil”, sin embargo cuando nos referíamos en el artículo anterior del líder resonante y el disonante, encontramos una pequeña gran diferencia en la forma de ver las cosas y en la toma de sus decisiones.
Biasca continúa diciendo… “Para precisar la posición competitiva de la empresa, implica comenzar con un análisis de la evolución de los indicadores clave de resultados (participación del mercado, satisfacción del cliente, resultados en aspectos clave de éxito, utilidad, generación de valor, endeudamiento, dividendos para accionistas, brecha competitiva en indicadores relevantes de procesos clave, problemas de gestión empresarial, innovación)”.
En algunas ocasiones el empresario tiene en las narices las alternativas, la decisión que debe tomar y cómo, que las mismas creencias limitadoras ciegan y cierran las oportunidades.
Biasca hace una similitud de la empresa con las personas: ¿Estoy enfermo? ¿es grave? ¿es urgente? ¿cómo está el cuerpo, la mente y el espíritu? Las empresas como las personas nacen, crecen, se enferman, trabajan y sienten. También tienen épocas y lo importante es estar claro de eso.
Biasca habla de dos extremos de la situación competitiva de las empresas y asigna un nivel de deterioro de competitividad “cero” a las empresas competitivas (las que tienen buena participación del mercado, buenos productos, buenas utilidades, etc.).
Las empresas no competitivas, es decir aquellas que tienen algunos problemas comerciales, económicos, financieros y humanos, les asigna un nivel de deterioro de diez.
En cada caso el nivel de deterioro competitivo, el tiempo disponible para cambiar, los recursos necesarios y la situación financiera son distintos.
La situación competitiva de las empresas es un momento determinado y puede deteriorarse si no se hace nada o si el contexto cambia abruptamente.
La apertura de fronteras arancelarias, los tratados de libre comercio con otros países son nuevos contextos en el empresariado nicaragüense que ha tenido que andar en cámaras, reuniones, para estar seguro de cómo afecta el TLC a su producto y su empresa.
Empresas nicaragüenses y transnacionales que en el pasado han sido vistas como exitosas, han cambiado de dueños, han transformado sus productos, han pasado de productores a distribuidores, en fin ha habido una gama de cambios y de competitividad.