Jimmy Antonio Pravia Mena
El latino es muy dado a usar calificativos altisonantes. A los anglosajones no se les ocurre, verían ridículo adornar con el mote de “excelentísima” a la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, como ocurre empalagosamente con la de Nicaragua.
¿Será que la nuestra merece el calificativo reverencial? Tal vez sí, pero eso depende de la materia sobre lo que verse la excelencia. Nuestra Corte se queda en el pleitito de la politiquería tradicional, maniquea y caudillista, en las cosas minúsculas, no piensa en grande. Es más importante para sus magistrados pelear entre ellos el penacho de la presidencia, que tomar acción sobre los expedientes y rendir sentencias. Tienen paralizada la justicia de alzada en varios departamentos donde mantienen desintegrados a sus Tribunales de Apelaciones y no les importa dar solución a ese problema. Por el contrario, el encumbrado orgullo, los celos y los amarres políticos entre sus “togados” caldean apasionadamente el “santuario” de la Corte Plena.
Entonces, nuestra Corte merece el calificativo de “excelentísima”sólo en cuanto a que suprime excelentemente la justicia, para privilegiar la política.