- El informe de un juez británico que exculpó al Gobierno de responsabilidades en la muerte de un científico y que señaló la inexactitud de una noticia de la BBC, sin duda la mejor cadena de radio y televisión pública del mundo, causó renuncias de sus directivos y reabrió el debate del rol de los medios como controladores del poder en las sociedades democráticas
Periodista Digital
El diario español El Mundo explica que para entender la magnitud de lo que está pasando estos días en el Reino Unido, nada como cruzar el umbral de la BBC en el Strand, la más céntrica de las diversas ramas de la corporación en Londres, y sentir el peso de la historia en su puerta giratoria, en sus gruesos carteles de chapa dorada, en sus suelos de mármol y sus grandes escaleras. Si el Banco de Inglaterra es conocido como la Vieja Dama, la BBC es la Vieja Tía o mejor aún, la Vieja Tiíta (the Old Auntie).
La British Broadcasting Corporation (BBC) es el sueño de un ingeniero escocés, John Reith, que en los años 20 quiso hacer una radio para «educar, informar y entretener a toda la nación, libre de interferencia política y de presión comercial».
En la actualidad, la cadena pública británica tiene una plantilla de 24,000 personas supervisadas por un Consejo de Gobernadores de 12 personas y un Comité Ejecutivo formado por 16.
El Consejo de Gobernadores está presidido desde el miércoles por el conservador Lord Richard Ryder of Wensum, de 55 años, ex secretario político de Margaret Thatcher (1975-1981). Director del Club de Futbol de Ipswich, Lord Ryder no puede ser más contrario a Gavyn Davies, destacado laborista cuya mujer, Sue, sigue trabajando como asistente personal de Gordon Brown.
La llegada de Lord Ryder supone para muchos periodistas de la BBC un regreso a la “aristocracia oxbridge”, que sirve para calificar a las personas que estudiaron en las universidades de Oxford y Cambridge y que tradicionalmente han ocupado los puestos de responsabilidad en este país.
El ex director general Greg Dyke había impuesto un ambiente mucho más abierto y relajado en una institución que siempre se había caracterizado por la formalidad. Al presentar su dimisión, Dyke leyó un correo electrónico que, dijo, “le llegó al alma”: “Pase lo que pase, siempre te apoyaremos”, decía el e-mail.
El objetivo del Consejo de Gobernadores es “salvaguardar la independencia, establecer sus objetivos y controlar su actuación. Los gobernadores actúan como protectores del interés público”.
A la cabeza del Comité Ejecutivo está desde ayer Mark Byford, un veterano periodista que ha pasado 24 de sus 46 años dentro de la BBC, donde ha llegado a dirigir el prestigioso servicio exterior (BBC World Service).
Byrd presenta también un perfil completamente distinto al del dimitido Greg Dyke, un multimillonario que ha donado grandes sumas de dinero al Partido Laborista. Es mucho más fácil imaginar a Byrd comprobando minuciosamente el contenido de una información, que es la labor última del director general, una especie de director de periódico, que a Dyke, cuyo cometido último fue agilizar el funcionamiento económico de un gigante con un presupuesto de 4,000 millones de euros anuales (1 euro = 1.2 dólares).
El director de noticias, Richard Sambrook, que supervisa directamente a 2,000 periodistas, es otro de los miembros del Comité Ejecutivo. Ayer se seguía rumoreando sobre su suerte y la del periodista Andrew Gilligan.
Tanto Lord Ryder como Byrd desempeñarán su labor en funciones hasta Semana Santa, cuando el Gobierno espera haber nombrado a un nuevo presidente que nombre a su vez a otro director general.
Mientras tanto, en el otro extremo del espectro periodístico, el diario sensacionalista The Sun seguía regocijándose de su exclusiva –la filtración de las conclusiones del Informe Hutton– y hacía bromas con el hecho de que el juez Brian Hutton ha pedido una investigación sobre el particular: “Este es el topo del Sun”, afirmaba ayer el irrespetuoso tabloide mostrando la foto de un pequeño topo con antifaz.
LA BBC SE DISCULPA “SIN RESERVAS”
“No quiero irme, pero es lo mejor para la BBC”, señaló Dyke, un multimillonario muy cercano al Nuevo Laborismo que se había convertido en un personaje muy popular en la corporación, a la que llegó hace cuatro años.
“Sobre el Informe Hutton hay mucho que decir, pero ahora no es el momento más adecuado. En su momento, ya escribiré algo”, continuó el ex director general en una caótica rueda de prensa a las puertas de la sede de la BBC, donde unos 300 periodistas estuvieron concentrados varias horas en señal de protesta por su dimisión.
El pasado verano, cuando la BBC empezó a darse cuenta de que la información emitida por el periodista Andrew Gilligan acusando al Gobierno de exagerar el dossier para ir a la guerra contra Irak contenía imprecisiones, Dyke se hizo famoso por la siguiente frase: “Si nos hemos equivocado, mejor que lo arreglemos de una p. vez”. Luego se supo que Dyke defendió a Gilligan sin ni siquiera leer una transcripción de la información emitida el pasado 29 de mayo a las 6:07 de la mañana en el programa Today.
Después de la improvisada aparición de Dyke, lo hizo el nuevo presidente, el conservador Lord Richard Ryder, de una forma mucho más institucional, marcando quizá el nuevo estilo que será impuesto en la BBC: “No dudo en absoluto en pedir disculpas sin reservas por los errores que se hayan podido cometer a las personas que se hayan visto afectadas por ellos”.
Blair contestó públicamente dando por zanjada la disputa: “Para mí esto ha girado siempre en torno a una acusación muy seria. Ahora se ha retirado y eso es todo lo que yo he querido siempre. Quiero dejar absolutamente claro mi respeto por la independencia de la BBC. No me queda la menor duda de que la BBC continuará cuestionando al Gobierno en todas sus acciones. Así debe ser. Pero ahora debemos poner punto final y seguir trabajando cada uno en su campo”.
‘DOSSIER’ MÁS SEXY
Y también, el último en discordia, Alastair Campbell, el ex director de Comunicación de Blair al que el periodista Gilligan acusó sin fundamento de ser la persona que había ordenado hacer el dossier “más sexy” incluyendo que en 45 minutos Saddam Hussein podía atacar objetivos británicos con sus armas de destrucción masiva: “Me gustaría dar las gracias a Richard Ryder. Lo único que hemos querido a lo largo de todo este tiempo es que se retiraran esas alegaciones”.
Todo esto ocurrió un día después de que se hiciera público el Informe Hutton, que exculpa a Blair, al Gobierno y al servicio de Inteligencia, de mentir y manipular en un hecho muy concreto: en el principal dossier con el que se justificó la guerra y en las circunstancias que condujeron al suicidio del científico David Kelly, la fuente de Gilligan. Al principio de su informe, el juez Hutton advierte que su misión no es dilucidar la polémica de dónde están las armas de destrucción masiva y por qué se fue a la guerra.
Charles Kennedy, el líder de los liberaldemócratas, insistió: “Necesitamos una investigación completa e independiente sobre los motivos que nos llevaron a la guerra”. El 70% de los participantes en una encuesta ayer del London Evening Standard apoya esa investigación.El 49% coincide con el Independent en calificar el informe de “whitewash” (encubrimiento).
Blair reapareció ayer como un hombre con la autoridad moral recuperada y con el deseo de recomponer la relación con los rebeldes laboristas. En la votación del martes sobre las tasas universitarias, un tercio de los parlamentarios laboristas votaron contra el Gobierno. “‘Nunca más’, me dijeron algunas colegas”, explicó Blair bromeando.
(Publicado el viernes 30 de enero de 2004)
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