Tito [email protected]
Con gran complacencia veo cada vez con mayor frecuencia que las informaciones presentadas por los distintos medios noticiosos de Nicaragua, se enfocan a indagaciones sobre como ayudar a la nación para ser cada vez más próspera (salvo ligeras excepciones).
De nadie es un secreto que el turismo en Nicaragua va alcanzando el mayor ingreso que recibe el país. Obviamente tiene un gran contrincante en las remesas familiares que los nicas en el exterior enviamos a nuestros familiares. Pero ésa es una lucha en la cual muy a gusto estaríamos (los que vivimos fuera de nuestro suelo patrio) dispuestos a dejarnos vencer.
Lo que sí me motiva a escribir estas líneas es la visión y orientación que sobre este particular deseara dar. Y lo hago únicamente con el objetivo de que nuestro pueblo, ciudades y nación se beneficie.
Yo reconozco que a veces los extraños son los que mejor opinión pueden tener de nuestros hogares, son los que reciben a la primera impresión lo que causa malestar o agrado.
Nunca olvidaré, en los días que vendía seguros de vida, que me tocó visitar en una ocasión a una hermosa y agradable señora “gringa”. Desde el momento de hacer la cita por el teléfono, me pareció de lo más dulce. Cuando estacioné mi auto en la entrada de su casa observé que esta dama tenía especial cuidado en su jardín, la casa incluso lucía recién pintada, y su automóvil impecable. Era tan gentil, que me abordaba en la propia entrada para darme la bienvenida. Desde antes de entrar me estaba ofreciendo un café con galletas que ella misma había hecho, era de esos “prospectos” que uno siempre sueña tener.
Pero… al entrar a su residencia, todo cambió. Aún y a pesar que en su interior todo se veía aseado y que los muebles lucían impecables, se sentía una atmósfera pesada que hasta el día de hoy escribiendo estas líneas me vuelven las náuseas.
No podía creerlo, pero el “tufo” a gato rondaba por toda la casa. Los pelos, la sarna y la picazón se sentía a flor de piel. Fue inútil, quise aguantar la situación, pero fue en vano. Le pedí permiso para usar su baño, y en el interior me fue peor. La peste abundaba, el mal olor era de verdad insoportable. Sentía que hasta el respirar me perturbaba.
Esto no es fábula, esto fue verdad.
Creo que el Gobierno y las autoridades tienen obligación de embellecer y educar a nuestra población de las ventajas de ser cada día más aseados y hospitalarios. Pero también, creo que la propia integridad de ciudadanos limpios nos debería obligar a tener a nuestra Patria mejor presentada.
Nunca olvidaré la forma orgullosa de vestir de ciertos compañeros de estudios en el Salesiano de Masaya, que aún proviniendo de origines humildes siempre lucían impecables sus uniformes y su conducta.
Yo sueño con que en mi linda Nicaragua se inyectara la vacuna del orgullo por la Patria y que cada ciudadano velara por el bienestar del pedazo de tierra donde le toca desarrollarse y convivir. Si tan sólo lográramos hacer del trozo de espacio en el que nos desenvolvemos un paraíso, nuestra Nicaragua toda fuera un Edén.
Y ese sólo hecho podría significar más ingresos a nuestro país de los que nos podemos imaginar. A parte del beneficio que conlleva en la salud física, mental y emocional: el vivir con dignidad.
*El autor es Presidente de la Cámara de Comercio Nicaragüense Americana de California (Caconaca).