Edgard Tijerino M. [email protected]
“Lo que me preocupa, no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, no podré creer en ti”, dice Nietzsche en su libro Más allá del bien y del mal.
Ricardo Mayorga tiene frente a sus narices, su más grande reto: ser otro.
La traducción es: esforzarse por un cambio de imagen, conseguir los botones del control remoto para no descarrilarse con ofensivas violentas durante entrevistas y conferencias de prensa, utilizar más tiempo para adiestrarse, mantenerse enfocado en su próxima pelea, ser más tratable, y buscar como sacarle el máximo provecho al tiempo disponible para permanecer en el estrellato del boxeo.
¡Bravo Ricardo!, exclamamos todos. Eso es lo que queremos, y por supuesto, lo que te conviene.
Cuánto tiempo hemos estado esperando un boxeador que nos atrape con una fuerza avasalladora, como lo hizo Alexis Argüello, con otras características, y ahora que lo tenemos, queremos disfrutarlo por largo rato.
Ricardo Mayorga parecía sincero mientras hablaba aquella tarde en el Centro de Convenciones. Daba la impresión, como diría Juan Rulfo, de estar buscando cómo llegar al Cielo acortando por veredas, no seguir tomando riesgos saltando obstáculos innecesariamente.
Ahora Mayorga tiene que demostrar que no se estaba mintiendo a sí mismo. Porque de ser así, él tampoco podrá volver a creer en lo que dice.
Debe estar lo suficientemente claro que correr en carro, no rima con lo que pretende en su futuro. Si Fangio decía que el peligro que ofrece cada curva es impredecible, y que el pie sobre el acelerador es un arma mortal si la precisión falla, Mayorga debe entender eso.
¿Qué tan largo debe ser el descanso de un boxeador?
Joe Louis decía: “Si puedo pelear cada mes, lo aprovecho”, y agregaba: “Claro, eso depende de la conservación de energías y la preparación”.
Alexis Argüello siempre estuvo preparado para unas seis peleas anuales. Naturalmente, a base de entrega, de sacrificio, de potenciar al máximo sus extraordinarias facultades. Y Argüello era un fuera de serie, aquí y en las vecindades del planeta Marte.
Ricardo necesita ser sometido a modificaciones. Lo sabe muy bien Garibaldi.
Eso implica, horas extras en el gimnasio. Cierto, siempre lo he visto en plenitud de forma, más allá de lo que se dice sobre su inclinación por beber y fumar, pero técnica y estratégicamente, Mayorga necesita trabajar.
¿A QUIÉN ENGAÑA?
No, no pienso que llegue a ser convertido en “El Pensador” de Rodin o el “David” de Miguel Ángel, pero sí, verlo manejar con más imaginación y precisión sus golpes, y ubicarse mejor en la difícil geometría del cuadrilátero.
Aún siendo un golpeador puro, enfocado en demoler montañas, se puede saber apretar a un adversario contra las sogas y evitar sus fugas. Argüello y Rosendo, dominan ese arte, y él puede conseguir avances significativos.
Pega y aguanta, no hay duda, y con esos atributos, puede seguir siendo un impacto, pero debe estar consciente que necesita mejorar en otros aspectos.
Ser más tratable es sencillo. Ahí tienen a Leonard, Argüello y De la Hoya entre los púgiles más apreciados de todos los tiempos. Su mayor virtud fue ser respetuosos con los adversarios, el público y el periodismo, y fueron todos ellos, símbolos taquilleros.
¿Otro Mayorga? Es factible por supuesto, pero de él depende.
¿Se mintió a sí mismo para engañarnos un rato? Bueno, es su futuro el que está en juego, no el nuestro.