Néstor Antonio Morales Orozco
Es una vergüenza nacional la intromisión directa, irrespetuosa y ofensiva de la máxima representante de la diplomacia estadounidense en la política nicaragüense, y aun más que las decisiones que atañen a los poderes del Estado estén supeditadas al parecer de gobiernos extranjeros.
La desesperada lucha de los diputados arnoldistas para lograr la aceptación de la embajadora Moore fue una muestra más de las ansias de retomar el poder nuevamente para sus oscuros propósitos, empezando por la liberación del hombre más corrupto en la historia reciente: Arnoldo Alemán. Pero esto traerá, sin dudas, dificultades para el presidente Bolaños, pues una vez que han tomado la sartén por el mango tienen todas las condiciones para doblarle el brazo y hacer que la “lucha anticorrupción” se convierta en el circo más grande de los últimos tiempos.
El pueblo tiene que entender y rechazar la intromisión sistemática del Gobierno de Bush o de cualquier otro, porque sólo a los nicaragüenses nos toca resolver nuestros problemas. Somos nosotros los que elegimos y los únicos que podemos resolver nuestras dificultades.
En otros países, si la señora Moore hiciera todo lo que aquí, lo mínimo que recibiría sería un llamado de atención del Gobierno por dedicarse a funciones nada diplomáticas.
Por esos grandes favores es que los gobiernos nicaragüenses que han pasado hasta hoy se han olvidado de cobrarle al Gobierno de EE.UU. los 17,000 millones de dólares que la Corte Internacional de Justicia mandó a pagarle al Estado nicaragüense por todos los daños causados al país con la guerra que ellos financiaron.