Luis Solórzano
Los gobiernos, empresa privada y centrales obreras de Latinoamérica y en particular de Centroamérica, deberían preocuparse por los altos índices de pobreza. Se publicita que se están canalizando recursos para combatir la extrema pobreza, pero la pobreza aumenta con todas las consecuencias que de ella se derivan: secuestros, maras, robos, prostitución.
Los países latinoamericanos están empobrecidos y altamente endeudados, carecen de capital disponible, sin tecnología industrial y agrícola, sin mano de obra calificada. Se necesita incrementar los cursos de capacitación a obreros y campesinos, ya que en las condiciones actuales se hace imposible competir con los países desarrollados e industrializados. Entrar en esa competición desigual sería un fracaso, no se podrá exportar, sólo importar y quedaríamos siendo siempre países de consumo, imposibilitados para salir del subdesarrollo.
El desarrollo económico debe ser equitativo y participativo, basado en una distribución más justa de los beneficios que se obtengan de la productividad.
Los poderosos se aprovechan de la difícil situación económica que atraviesan los pueblos de Latinoamérica y les imponen su política económica. A la incapacidad y la corrupción no se les puede dar tregua. Hay que combatir este flagelo que ha hundido en la miseria a los pueblos de Latinoamérica.