Con un diámetro de 6,780 kilómetros, la mitad del terrestre, y situado a una vez y media la distancia de nuestro mundo al Sol, Marte es un planeta de contradicciones: próximo en distancia y al mismo tiempo esquivo para la exploración científica, también es el mundo más parecido a la Tierra y sin embargo muy diferente.
Este vecino extraño, tiene una atmósfera muy liviana compuesta sobre todo de dióxido de carbono, y una temperatura media en su superficie de 53 grados centígrados bajo cero, la cual baja hasta 128 grados centígrados bajo cero en la noche polar.
Los rasgos geográficos y datos recogidos de este planeta desértico, desolado, rojizo y rocoso, jalonado por ciclópeos volcanes y enormes cañones, azotados por gigantescas tormentas de polvo, sugieren que allí pudo haber mucha agua en el pasado, la cual podría estar escondida en el subsuelo de este mundo, y en parte se mantiene congelada en sus casquetes polares.
Muchos expertos creen que si en el pasado el planeta tuvo agua y otras condiciones ambientales menos severas que ahora, quizá se desarrollara alguna forma de vida primitiva, e incluso algunos microorganismos sigan sobreviviendo bajo la superficie.
Marte está cercano en términos astronómicos, ya que es el cuarto de los nueve planetas que orbitan al Sol más cercano a la estrella y se halla vecino a la Tierra, pero al mismo tiempo es lejano para la exploración científica, ya que casi dos tercios de los ingenios espaciales que han intentando llegar hasta allí han fracasado.
Las agencias espaciales han conseguido explorar los planetas exteriores y llegar con sus naves a los confines del sistema solar, y además han puesto hombres y máquinas en el cuerpo cósmico más próximo, la Luna, pero Marte es una verdadera piedra en el camino espacial, con la cual se viene tropezando una y otra vez.