Leopoldo Villalta López
A los que aman a Dios todas las cosas le ayudan a bien (Romanos 8:28). Dios no provocó este percance, lo permitió para que veamos su gloria. Muchos matagalpinos estamos pidiendo a Nuestro Señor el pronto regreso de don Jaime Cuadra, que continuará siendo la inspiración de lucha contra sistemas corruptos y opresores, sin importar el color partidario.
Recuerdo sus anécdotas sobre su regular asistencia a misa en La Habana de Fidel, hasta donde llegó luego que fuera rescatado de la cárcel por el comando que asaltó la casa de Chema Castillo a finales de 1974.
Recuerdo la celebración del Día del Empresario en septiembre de 1988, antes que le confiscaran todo, al igual que a don Enrique Bolaños. Recuerdo las constantes reuniones en su casa de habitación preparando las elecciones de 1990, sus valiosos aportes y los viajes a la montaña, siendo el único liberal que daba la cara.
Dios sabe que necesitamos un Jaime Cuadra para comandar la guerra final contra la peor peste que ha sufrido el país, un mal que ya es parte de nuestra cultura, mal que tiene raíces y es organizado, tecnificado y sofisticado, es la peor enfermedad que puede sufrir un pueblo: la corrupción, una maldición tan vieja como el mismo diablo que se combate con la ayuda de Dios.
Matagalpa