- Fueron desplazados de las orillas del Lago de Managua,durante el huracán Mitch, pero ahora enfrentan el huracán del desempleo
Martha Solano MartínezEspecial para La [email protected]
Todos recuerdan la inauguración del Barrio Nueva Vida, tiempo después que sucedió el huracán Mitch que afectó entre otros, a los pobladores que vivían en las orillas del Lago de Managua. Sin embargo, nadie menciona la calamidad y la pobreza casi extrema en la que viven alrededor de treinta familias, ubicadas en las áreas verdes de la quinta etapa de este barrio.
Estas personas que fundaron el asentamiento Nueva Vida, hicieron lo posibles por establecerse legalmente en este lugar. Hablaron con los encargados de la oficina de urbanismo del municipio de Ciudad Sandino e intentaron llegar a un acuerdo con el alcalde Manuel Pinel.
Pero como no recibieron alguna respuesta que les diera la posibilidad de adquirir un terreno de acuerdo a sus reducidos ingresos económicos, optaron por montar sus casitas de cartón y latas en un predio que se encontraba vacío. Su vecino más próximo es un cauce, el cual seguramente se convertirá en el enemigo público de ellos en el próximo invierno.
CÓMO LLEGARON
Mientras Léster López (18), limpiaba un poco de trigo para hacer el atol que les serviría como cena, explicó cómo llegaron a este lugar junto a sus cuatro primos. “Nosotros no tenemos dinero para comprar una casa, por eso nos venimos aquí, por falta de recursos económicos. Antes alquilábamos un cuarto, pero como ahora no tenemos empleo nos tuvimos que venir aquí, para sobrevivir en esta casuchita forrada con sacos macén y desperdicios de cartón”.
Rosa Rivas es la jefa de otra familia que vive una situación más dramática. Hace nueve años se vino de Madriz, de donde es originaria. El motivo de su migración fue el maltrato que recibía de su marido.
“Decidí venirme con mis nueve hijos. Yo viví posando en las casas de todos mis tíos hasta que me vine para acá porque ya no podíamos seguir así (posando) y por la misma situación sólo me he quedado con tres de mis hijos y otros tres nietos que tengo”. Rosa Rivas, de 40 años, trabaja palmeando tortillas y con lo que gana compra el arroz y los frijoles para nutrir a su numerosa familia.
Las calles de este pequeño asentamiento no tienen nada diferente a cualquier otro barrio. Sus calles maltratadas cubren con polvo las casas, todo el día. Sus habitantes están afectados con enfermedades respiratorias. No tienen servicio de energía, por supuesto no hay alumbrado público. No hay servicio de agua potable y por si fuera poco, no todos tienen el dinero suficiente para construir una letrina en sus casas y se ven obligados a realizar sus necesidades fisiológicas al aire libre.
UN ALIVIO
Los niños deambulan por las calles, sucios, llenos de lodo y aspirando todo el polvo que pueden. Durante la época escolar tienen un alivio, porque las hermanas que fundaron el Colegio Reyes de Solemnidad, en el barrio Nueva Vida, les aseguran el desayuno y el almuerzo diario.
Este es el drama que viven varias familias en todo el país, pero éstas en especial necesitan urgentemente el apoyo de las instituciones gubernamentales y no gubernamentales, para que mejoren su calidad de vida y un empleo seguro que les permita llevar el sustento diario a sus hijos.
POR LAS NUBES
Alrededor de treinta familias son las que viven desde hace dos años en este asentamiento, sin incluir unas doce personas más que se anexaron hace algunos meses.
Según los pobladores del lugar, en la oficina de Urbanismo de la Alcaldía de Ciudad Sandino, les dijeron que tenían que pagar mil córdobas de prima, más seis mil quinientos córdobas por unos terrenos ubicados en las cercanías de COPROSA, donde les prometieron que los ubicarían si pagaban esa cantidad.
Los pocos que trabajan lo hacen vendiendo agua helada en los mercados y en los semáforos, vendiendo cajetas y tortillas en el mismo barrio o lavando ropa ajena. “De dónde vamos agarrar para pagar los terrenos si nosotros no tenemos ni qué comer”, argumentó Felicidad Castro, otra de las habitantes del asentamiento de Nueva Vida.