Roberto J. Martínez
Fui un católico ferviente desde que tuve uso de razón, educado en colegios religiosos en primaria y secundaria. Incluso quise hacerme Hermano Cristiano. (Un caso similar al de mi ex compañero de clases, Arnoldo Alemán).
Sin embargo, desde mis 32 años (actualmente tengo 61) soy ateo. Ahora, yo veo la “Navidad” desde otro punto de vista. Para mí no es más que otra oportunidad de los “mercaderes del templo” para aprovecharse de la credulidad religiosa.
En ninguna fecha religiosa yo le regalo nada a nadie. Simplemente le extiendo mi mano a quien quiera que sea, si necesita ayuda, en cualquier momento, en cualquier lugar, dentro de los límites de mis posibilidades.