Marcados para siempre

Por moda, rebeldía o influencia de los amigos, los tatuajes dejan marcas para toda la vida. Algunas, según los médicos, pueden ser causa de enfermedades letales. Otra es el estigma, que cierra puertas a quienes portan un tatuaje Roberto Pérez y Aura [email protected] Puede alcanzar los dos centímetros de largo o incluso menos. Su diámetro […]

  • Por moda, rebeldía o influencia de los amigos, los tatuajes dejan marcas para toda la vida. Algunas, según los médicos, pueden ser causa de enfermedades letales. Otra es el estigma, que cierra puertas a quienes portan un tatuaje

Roberto Pérez y Aura [email protected]

Puede alcanzar los dos centímetros de largo o incluso menos. Su diámetro es tal vez de algunos milímetros. Está adherida a un motor pequeño de pocas revoluciones, suficiente para lograr un movimiento de “mete y saca”. La diminuta aguja utilizada para lograr tatuajes de vivos colores y a veces lúgubres puede ser tan mortal, como un disparo en pleno corazón, si está contaminada.

Moda, rebeldía o sinónimo de pandilla juveniles, son algunos de los motivos que los sicólogos encuentran en los adolescentes y jóvenes que deciden marcar para toda la vida algunas partes de sus cuerpos con un tatuaje.

Sin embargo, esta misma euforia muchas veces les impide pensar por unos cuantos segundos sobre la seguridad sanitaria a la hora de marcar su piel.

Una aguja contaminada con sangre portadora del VIH/Sida, hepatitis o sífilis puede ocasionar una cadena de infectados si es utilizada en diferentes personas, luego de estar en contacto con alguien contagiado. Científicamente comprobado, los casos de personas infectadas en el mundo de esta manera, son miles.

LA ENFERMEDAD QUEDA EN LOS GUANTES

Richard Díaz tiene 23 años. Él es uno de dos “tatuadores” de lo que denomina una pequeña empresa: Tatoos & Piercing, un local donde se hacen tatuajes y perforaciones en diferentes partes de cuerpo.

Por 30 dólares como mínimo, cualquier persona puede visitar este lugar y en menos de dos horas regresar a la sociedad con uno de los miles de tatuajes, que se encuentran en las páginas de las revistas y afiches que adornan la pequeña sala del lugar.

Con experiencia en hacer grafittis y estudios de diseño gráfico, Díaz dice que en Tatoos & Piercing se toman las medidas higiénico-sanitarias requeridas para no infectar a los clientes. Todo es descartable, agrega. Interrumpe la plática al ver entrar a una pareja interesada en hacerse un tatuaje.

“Nosotros le preguntamos si padecen de algún tipo de enfermedad como la presión, del corazón, hepatitis, cualquier cosa relacionada. Siempre cumplimos con normas sanitarias como utilizar guantes y agujas esterilizadas y nuevas. Si tienen alguna enfermedad queda en los guantes y éstos van a la basura, las agujas se desechan y si sobra tinta también la botamos”, dice Díaz, quien asegura que desde el mes de febrero, cuando abrieron al público, no han tenido quejas.

LOS RUDIMENTARIOS

La doctora Mercedes Coronado es cirujana del hospital Lenín Fonseca, en Managua. Gran parte de su vida la ha pasado en los quirófanos de los hospitales y clínicas del país. Las operaciones en las que ha participado han sido tantas que no lleva la cuenta. Gracias a su especialidad también lleva muchos años retirando tatuajes de los cuerpos de muchachos “arrepentidos” de sus travesuras de años juveniles, lo que le permite hablar con autoridad de este tema.

“Los tatuajes son peligrosos, no sólo por lo que representan para la sociedad los jóvenes que llevan uno, sino por los riesgos que corre la salud de los muchachos”, comenta la doctora.

Coronado asegura que la mayoría de los jóvenes a quienes les ha retirado u ocultado tatuajes por medio de cirugías menores, dermo-injerto o dermoplastía (retiro de piel sana para colocarla sobre la superficie tatuada), se los hacen en lugares rudimentarios y eso acrecienta los peligros.

“Los amigos, entre ellos mismos, se hacen los tatuajes y no utilizan las medidas de asepsia (desinfección e higiene) necesarias. No hay un autoclave para esterilizar las agujas, la tinta a veces la utilizan varias veces y esto no es conveniente. Tiene que haber un control de seguridad, sabemos cómo están las cifras de sida en el país, por eso es necesario”, alerta Coronado.

MINSA DEBE VELAR POR HIGIENE

Es por eso que recomienda que el Ministerio de Salud (Minsa), debe de establecer un control riguroso con estos establecimientos legales e ilegales para evitar que se desaten cadenas interminables de personas infectadas por “el simple hecho de querer andar a la moda”.

Tatoos y Piercing es un establecimiento legal, según Díaz, quien comenta que las autoridades del Minsa sólo llegaron antes de la apertura del negocio, dejando al descubierto la falta de operatividad de las autoridades de salud en este sentido.

“Al inicio vino el Minsa a supervisarnos para ver si cumplíamos las normas de higiene, revisaron todo y dijeron que estábamos bien, no tenemos un diploma que lo certifique, pero te aseguro que vinieron. Después no han regresado, pero seguimos cumpliendo con las normas sanitarias, estamos conscientes del trabajo que hacemos, no somos ningunos locos para dañar a los clientes”, dice Díaz quien todavía no lleva un tatuaje, pero sí varias perforaciones en su rostro.

Tatoos y Piercing es el único centro establecido de manera legal en la capital, a donde acuden a diario entre cinco y siete personas en busca de algún dibujo que llevarán por el resto de sus días.

Sin embargo, se sabe que centenares de jóvenes diariamente también son tatuados en sus barrios, en los mercados, en los centros de estudios o en cualquier otro lugar donde no se toman las medidas de higiene necesarias. El peligro de ser contagiado por alguna enfermedad está presente, el reto es disminuir esos riesgos.

MINSA CON MAL REGISTRO

La Dirección de Regulación de Establecimientos del Minsa sólo registra a Tatoos & Piercing como único centro a nivel nacional donde se hacen tatuajes. El resto de establecimientos están ilegales, por lo que no saben si cumplen las normas sanitarias recomendadas.

El doctor Armando José Aragón Buitrago es quien está al frente de este departamento. En conversación con LA PRENSA, dijo que será hasta el próximo año, con ayuda de los Sistemas Locales de Atención Integral en Salud (Silais), que actualizarán la lista de los lugares donde hacen tatuajes.

“Procederemos (el año próximo) a incidir, a regular y garantizar la calidad de la atención en estos lugares por la seguridad de los ciudadanos. Vamos a actualizar el número de establecimientos, a comienzo de año visitaremos a todas estas personas y le indicaremos los requisitos a cumplir que están relacionados principalmente a poseer materiales desechables”, expresó Aragón Buitrago.

“En Tatoos hicimos algunas recomendaciones como el uso de delantales y gabachas para no contaminar su ropa, protección ocular por cualquier salpicadura y al mismo tiempo solicitar un certificado de salud de todos sus empleados”, agregó.

El artículo 7, numeral 12, de la Ley General de Salud dice que: Las autoridades correspondientes podrán regular, cuando resulte necesario para los principios de esta ley, las actividades con incidencias directas e indirectas sobre la salud de la población que realice o ejecute toda persona natural, jurídica, pública o privada.

DISCRIMINADOS

La cirugía para borrar tatuajes depende del tamaño y el lugar donde lo tenga el paciente. Aunque las personas de clase media son las que acuden al hospital Lenín Fonseca, una de estas cirugías bien puede superar los mil córdobas, expresa la doctora Coronado, “porque hay que pagar gastos de sala de operación, pagar anestesiólogos, cirujanos plásticos y todo lo que conlleva estar en una sala de operaciones”.

Entre los casos más recordados por la doctora, están el de una muchacha que llegó a un hotel capitalino a buscar un trabajo como mesera, pero al verle que en los dedos de una de sus manos se había tatuado unas figuras en forma de anillos le negaron el empleo.

“Ella estaba muy entusiasmada por trabajar pero no pudo y para que no le sucediera lo mismo decidió borrarse los tatuajes”, recuerda la doctora.

Otro caso, mencionado por Coronado, fue el de un muchacho que tenía tatuado un número 18 en su brazo derecho. Este joven, por la falta de empleo, había decidido marcharse del país pero no lo podía hacer con el tatuaje que llevaba.

“Él me dijo que si lo agarraban las pandillas, el numero 18 significaba la diferencia entre la vida y la muerte por estar asociado a las pandillas (maras) de Honduras”.

Cuando se borra un tatuaje, utilizando técnicas que no sean rayos láser, como un cierre directo o en caso de que se haga un dermo-injerto, la piel ya no tendrá la misma continuidad ni el color.

¿CÓMO SE HACE UN TATUAJE?

Los clientes revisan los diseños existentes. Cuando escogen un diseño y deciden hacérselo en el momento, el tatuador pasa con una hoja de papel carbón el dibujo seleccionado a una página en blanco. A esto le llaman flashar.

Luego untan desodorante en el lugar donde quedará el tatuaje. Colocan la hoja con el dibujo sobre esta superficie de la piel. Después retiran la hoja de papel quedando el dibujo impreso. Luego con una máquina de unos 30 centímetros de longitud empiezan a tatuar.

Cuando la sesión termina, se cubre el tatuaje con vaselina simple y se coloca un vendaje que se retira pasadas unas dos horas para evitar el contacto con algunas bacterias que anden en el ambiente. Hasta que el tatuaje cicatrice, la persona debe lavarlo tres veces al día con jabón anti-bacterial y colocarse vaselina.

Las mujeres acuden con más frecuencia que los hombres. Los diseños favoritos por ambos son los soles, las flores, enredaderas, figuras sólidas y tribales entre otras. La máquina de hacer tatuajes cuesta más de 300 dólares, pues sólo el motor vale unos 200.

TATUAJES POR REBELDÍA

En un sondeo realizado entre jóvenes tatuados de las universidades Centroamericana y Nacional de Ingeniería, la mayoría de éstos aseguran que decidieron hacerse un tatuaje por influencia de los amigos, rebeldía y moda.

Los universitarios dijeron saber de los peligros a los que se exponen si los instrumentos utilizados están contaminados, por lo que aseguran que vigilaron cada paso de la persona que hizo el tatuaje.

Elena Castillo, de 19 años, y estudiante de Sociología en la UCA asegura que: “Hace un año me hice un tatuaje en la parte inferior de la espalda, son tres flores y simbolizan mi carácter y me gusta exhibirlo. No sentí nada de dolor cuando me lo hice”.

Ezequiel Martínez, estudiante de Administración de Empresas de la UCA, dijo: “Me hice los tatuajes en el brazo, ombligo, pierna, manos y el ojo del pie. Para mí esto es cultura por la influencia de la música Rap, Hip Hop y un poco de rebeldía que no te permiten hacer los padres”.

Ludwin Martínez, de 25 años, estudiante de electrónica de la UNI, sostiene: “Esto es una rebeldía y tiene que ver con ambientar un poco la monotonía del cuerpo, salir de la rutina. Tengo tatuado el brazo, la pierna, la panza, el labio y me gusta exhibirlos”.

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